30 diciembre 2011

otra cara

me he levantado con otra cara. ya sé lo que pensarán; que esto no es posible, que estaría soñando todavía cuando me levanté o que ayer me metí en algún lío y me dieron una paliza y al verme en el espejo no reconocí mi propia cara debajo de tanta hinchazón, sangre seca y moratones. pues no, se equivocan. de hecho, ayer me fui a la cama a las nueve y media. no me encontraba muy bien. creo que estoy pillando una gripe porque durante todo el día estuve helada de frío y me dolía muchísimo todo el cuerpo, así que fue llegar a casa, prepararme una sopa, tomarme un ibuprofeno y meterme en la cama. caí redonda y esta mañana, cuando ha sonado el despertador a las siete me sentía mucho mejor. he ido al baño y cuando he encendido la luz y he visto una cara desconocida en el espejo me he dado un susto de muerte. primero he gritado sobresaltada y luego me he acercado a mi nueva imagen reflejada y he tocado mi rostro, asustada, incrédula y maravillada. no podía ser yo, pero era yo y después de estar unos minutos sin comprender nada he llegado a la conclusión de que tenía una nueva cara. sí, tenía dos ojos, ahora verdes y un poco más separados el uno del otro, una nariz más finita, una frente más ancha y unos labios menos gruesos. también tenía un lunar en la mejilla derecha y una pequeña cicatriz en la barbilla. mi piel estaba menos pálida y habían desaparecido las ojeras que suelo tener a esas horas. inmediatamente he bajado la vista hacia el resto del cuerpo. me he quitado el pijama una rapidez inusual a estas horas y he observado con cuidado todos los rincones que alcanzaba mi vista; después de unos minutos de pánico, he llegado a la conclusión de que todo seguía en su mismo sitio y con el mismo aspecto y he respirado un poco más tranquila porque no sé si hubiera sabido asimilar tantos cambios en tan poco tiempo. siendo sincera, no me puedo quejar del cambio. tampoco es que antes tuviera un gran complejo con mi cara, pero sí que es verdad que llevaba ya unos cuantos años con ella y estaba un poco aburrida. ya sabía cuál era mi mejor perfil y cómo disimular esa marca de nacimiento que tenía al lado de la ceja. así que lo he aceptado de buen grado y he advertido que, a pesar de los labios, que prefería los de antes, estoy contenta en general. oh, y estoy encantada con mi nueva cicatriz porque me da un aire de mujer misteriosa y peligrosa, que no se anda con ñoñerías. me hubiera encantado saber cómo me la hice y si dolió mucho, pero ya eran las siete y media y mis obligaciones laborales no permitían que estuviera más tiempo contemplando las nuevas facciones delante del espejo así que he entrado en la ducha, me he vestido con rapidez y he salido a la calle. 

hacía un frío siberiano pero a diferencia de ayer, mis ojos no se han puesto todo llorosos con el viento y me he alegrado todavía más de la transformación. al entrar en el bar donde suelo desayunar y pedir mi café corto de leche, con sacarina, hielo y un poco de anís, el camarero me ha mirado extrañado. había reconocido la orden, a la misma hora de siempre y con el mismo tono de voz, pero no la cara que solía pedirlo. yo tampoco le he dicho nada porque todavía no he decidido cómo voy a proceder con este extraño asunto y a esas horas sólo podía pensar en mi café. mientras lo tomaba y jugueteaba con la cucharilla, pensaba en cuál sería la mejor opción: hacer pública mi alteración o actuar como si nada. tarde o temprano tendría que enfrentarme a gente que estaba acostumbrada a mi cara anterior, de hecho, en menos de media hora, mi jefa me esperaba en la oficina con mil fastidiosas tareas para solucionar y evidentemente, se daría cuenta del cambio y me preguntaría. era lo más lógico y normal y yo tendría que buscar una explicación cuanto antes, pero no había forma de pensar en nada verosímil. al final he confiado con que algo se me ocurriría durante el viaje y me he levantado corriendo para pagar el desayuno y buscar el 73. 
en la parada estábamos los de casi siempre: el adolescente recién levantado, el anciano con cincuenta copias del 20 minutos, el ejecutivo del maletín de cuero con su hija vestida de rosa y un par de japonesas mirando un mapa. nadie ha reparado en mí, excepto el adolescente que no conseguía quitarme el ojo de encima. ¿cuántas veces había yo conseguido llamar la atención a un adolescente con mi antiguo rostro a las ocho de la mañana? ¡ninguna! pero ahora, por fin, mi suerte había cambiado y ahí estaba, flirteando e imaginando si a lo mejor también ese compañero de trabajo con el que hace tiempo que tonteamos en la fotocopiadora se atrevería por fin a pedirme una cita. el adolescente no ha tardado en acercarse, decidido y apremiante. le he mirado con mis preciosos ojos verdes y he sonreído coquetamente. 
-tienes mi cara. – ha dicho furioso. 
-¿perdona? 
-la semana pasada yo tenía esta misma cara. 
-¿pero de qué me estás hablando? 
-lo sabes perfectamente, no te hagas la tonta. 
-te aseguro que no sé de qué me estás hablando. 
-te vi ayer y antes de ayer y la semana pasada. a estas horas sueles tener los párpados hinchados y ojeras, las cejas más pobladas, los dientes más pequeños y la nariz más grande. esta cara no es tuya. 

dios mío. he querido morir, o volver a mi cama y recuperar mi fisonomía habitual que tampoco estaba tan mal. el chico me ha agarrado del brazo y me ha apartado del resto del grupo que esperaba el autobús. 
-maldita ladrona. 
-oye, espera un momento. yo no te he robado nada. 
-¿desde cuándo la tienes? 
-yo… no sé… 
-¿desde cuándo? – ha dicho alzando la voz y apretando con más fuerza de mi brazo. 
la niña vestida de rosa nos ha mirado. 
-desde esta mañana – he confesado, al borde del llanto al ver que los dos sabíamos que esa no era mi cara real – pero te juro que no he hecho nada. yo… no… verás, ayer tenía fiebre y… cuando me he despertado… yo… me he puesto a llorar como una madalena y no he podido terminar la frase. 
-hay que ver lo guapa que estás cuando lloras, ya casi no me acordaba... – ha dicho él, también con los ojos humedecidos. 
me he secado los lagrimones que resbalaban por mis hermosas mejillas y le he mirado. al reparar con más detenimiento en él, me he dado cuenta del porque de su pena. tenía un rostro normal y corriente tirando a feúcho, con las orejas muy grandes y separadas, el pelo grasiento, la nariz aguilucha y acné en toda la frente. 
-de verdad que eras yo? – he preguntado recelosa porque su transformación me parecía más inverosímil que la mía. 
-sí. esta cicatriz en la barbilla que tienes, me la hice a los cuatro años, jugando al escondite con mi hermano. me di con el canto de la mesa de la cocina y me llevaron al hospital. – ha contestado. 
-vaya… ¿te dolió? 
-no me acuerdo. supongo. 
creía que empezaría a sollozar de un momento a otro. tenía los labios apretados y se mordía los carrillos para controlar el lloro. definitivamente, era feo con avaricia y he sentido un poco de pena por el muchacho. 
-y tú, ¿cómo has llegado a esto? – he continuado, sin disimulo alguno. 
-pues igual que tú, de repente, de un día para otro, sin aviso ni nada y ya llevo un mes así. 
luego me he percatado de algo más importante todavía. mi cara era femenina, y sin embargo él era un chico, con su cara y su cuerpo de chico. su transformación había sido absoluta y temí que la mía estaba a medio terminar. he notado que me temblaban las piernas y he mirado de nuevo mi cuerpo, que tapado con la ropa de invierno, no parecía haber sufrido ninguna modificación mayor. él se ha dado cuenta y ha añadió: 
-eso vendrá después, quizá mañana o en un par de días más. 
-¿en serio? 
ha asentido. hubiera querido preguntarle qué me esperaba exactamente, pero he preferido callar y esperar los días que me faltan para completar mi nuevo yo. estaba preocupada y al mismo tiempo me sentía un poco responsable por la suerte del chico, aunque al fin y al cabo yo tampoco tenía la culpa de esta situación. en ese momento ha llegado mi autobús y le he dicho que debía marcharme o llegaría tarde al trabajo. él ha asentido de nuevo con la cabeza gacha y me dicho, a modo de despedida, que alguna vez la cicatriz de mi nueva barbilla enrojecía un poco y que bastaba con aplicar hielo por encima. le he dado las gracias y corrido hacia el 73 que estaba ya arrancando. creo que luego él se ha puesto a llorar. 
 sentada en el asiento, con el calorcillo de la calefacción y con las japonesas delante de mí, he pensado que quizá ahí fuera alguien tiene ahora mis facciones o mi cuerpo. si es así, que sepan que mi perfil más favorecedor es el izquierdo y los ojos me lloran con facilidad cuando hace viento.

27 diciembre 2011

Me he casado
me he casado conmigo

me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar

años de sufrimientos indecibles

de llorar con la lluvia

de encerrarme en la pieza
porque yo -el gran amor de mi vida-
no me llamaba
no me escribía
no me visitaba
y a veces
cuando juntaba yo el coraje de llamarme
para decirme:
hola ¿estoy bien?

yo me hacía negar


llegué incluso a escribirme en una lista de clavos
a los que no quería conectarme
porque daban la lata

porque me perseguían

porque me acorralaban

porque me reventaban


al final ni disimulaba yo

cuando yo me requería


me daba a entender

finamente

que me tenía podrida

y una vez dejé de llamarme

y dejé de llamarme

y pasó tanto tiempo que me extrañé

entonces dije

¿cuánto hace que no me llamo?

añares

debe de hacer añares

y me llamé y atendí yo y no podía creerlo

porque aunque parezca mentira

no había cicatrizado
solo me había ido en sangre


entonces me dije: hola ¿soy yo?

soy yo, me dije, y añadí:

hace muchísimo que no sabemos nada
yo de mí ni mí de yo
¿quiero venir a casa?
sí, dije yo
y volvimos a encontrarnos

con paz

yo me sentía bien junto conmigo

igual que yo
que me sentía bien junto conmigo


y así
de un día para el otro

me casé y me casé

y estoy junto

y ni la muerte puede separarme


Canto Nupcial, S. Thénon

(para b.)

18 diciembre 2011

una desconocida

conocí a una chica. fue el viernes por la noche. estábamos en un bar y yo quería marcharme a casa porque estaba cansado después de toda la semana trabajando como un cabrón, pero víctor insistió en quedarse un rato más y al final me convenció. mientras estábamos ahí sentados los dos, sin mucho más que contarnos entró un grupo de cuatro o cinco chicas. automáticamente apartamos la mirada de las caderas de la camarera para trasladarla a la puerta. víctor me dio un codazo mal disimulado con la segunda, aunque a mí me llamó mucho más la atención la última. ellas estaban más pendientes de conseguir una mesa libre y nos ignoraron por completo. no nos desanimó. se sentaron en el sofá de la esquina, se quitaron los abrigos y las bufandas y se organizaron para que fuera una de ellas quien pidiera mientras las otras iniciaban una conversación mucho más animada que la nuestra. la chica que provocó el codazo poco antes se acercó a la barra y pidió las cervezas. nosotros dos seguíamos en silencio. víctor se había girado hacia ella y yo esperaba que de un momento a otro soltara alguna de sus frases que la mayoría de veces funcionaban perfectamente. esta vez, sin embargo, calló y la chica volvió con el resto. 
-¿por qué no le has dicho nada? – pregunté. 
-no lo sé. – contestó – creo que prefiero esperar un rato más. acaban de llegar… dejémoslas un rato para que hablen de sus cosas. dio otro sorbo a su cerveza y de nuevo posó sus ojos en las caderas de la camarera. 
seguimos en silencio un rato más. de vez en cuando miraba a través del espejo de detrás de la barra la chica que me había gustado a mí, ella sin embargo parecía demasiado divertida escuchando algo que le contaba una de sus amigas y cuando ya empezó a darme la sensación de que estaba actuando como un idiota, alzó la vista y nos miramos por primera vez. creo que también os hubiera gustado. no era especialmente guapa, bueno sí, pero lo que quiero decir es que no era una de esas chicas despampanantes que hacen voltear cabezas cuando pasan por tu lado. no tenía unas piernas interminables, ni unos ojazos azules, ni un escote que dejara sin respiración, ni un culo como el de beyoncé. era más bien lo contrario a todo esto; era pequeña, casi plana, con el pelo corto y negro, los ojos oscuros, la nariz pequeña y los huesos de la clavícula sobresaliendo. pero a mí me gustó. me gustó mucho. diría que me sonrió un poco, aunque quizá a lo mejor con los nervios o las cervezas simplemente fueran imaginaciones mías. yo sí sonreí y me quedé con cara de bobo mientras ella bajaba la mirada y volvía a la conversación con el resto. pedí dos cervezas más. víctor se extrañó. 
-¿pero tú no querías marcharte? 
-no, da igual. aquí se está bien. 
-¿cuál de ellas? 
-¿cuál de ellas, qué? 
-tío, no me tomes el pelo. 
-la morena de pelo corto. 
víctor se giró hacia el grupo y ella le miró también. me sentí un poco molesto. 
-¿esa? – dijo señalando con la cabeza. 
-sí. 
jamás había pronunciado un sí tan convencido, tan seguro, tan rotundo. sí. era un sí para todo. era un sí, sin más. un sí por su forma de sentarse con la espalda un poco encorvada, por su nuca huesuda, por sus dedos finos que sostenían el vaso, por su forma de secarse los labios juntándolos entre sí. era un sí sin peros. era un sí tan evidente que asustaba. 
-pues que quieras que te diga… - dijo él con cierto tono de decepción mientras se levantaba del taburete. 
eso era muy típico de él: adelantarse y hacerme quedar como el amigo tímido y retraído, incapaz de hacer el primer paso. aunque a decir verdad, yo no tenía la gracia para hacerlo y las pocas veces que lo había intentado sólo había conseguido que la chica me mirara como el pesado de turno que iba a perturbar su tranquilidad. víctor en cambio siempre conseguía acaparar su atención y alguna bebida gratis. 
se fue hacia donde estaban las chicas y me hizo señas para que me acercara. no habían transcurrido ni cinco minutos. todas, incluso la chica de la clavícula marcada, se habían levantado para darle dos besos y hacerle un hueco entre ellas. cogí mi cerveza tibia y fui hacia el grupo con la incertidumbre de si habría dicho ya algo de mí y mis preferencias. me senté justo delante de ella. nos separaban no más de noventa centímetros. la miré, primero de reojo, después sin disimulos. bebía a pequeños sorbos y escuchaba atenta la charla de dos de sus amigas. de vez en cuando preguntaba por algún detalle que a las otras les parecía superficial y que sin embargo ella creía determinante. tenía una voz suave, un tono tranquilo, una entonación perfecta. la imaginé deseándome los buenos días, en mi cama, un domingo por la mañana con esa misma dicción. me gustó la idea y sonreí. ella me miró, sonrió también y luego miró al suelo. era algo que observé que hacía a menudo. era un gesto inconsciente. cada vez que terminaba de hablar miraba al suelo, un segundo solo, como si necesitara meditar lo que acababa de decir y aseverar sus palabras. me pareció algo maravilloso y me pregunté si haría eso conmigo si es que algún día cruzábamos algo más que miradas. pensé que me encantaría verla mirar al suelo después de pronunciar un “hola” o un “te quiero”. 
-¿os conocéis ya? – preguntó víctor que se había acercado y nos miraba a los dos con cierta expresión socarrona. 
-no. – respondió ella antes de mirar al suelo. 
-ah, bien, pues eso lo arreglo yo ahora mismo. 
me sobresalté. algo hizo clic en mi cabeza. de pronto pensé que en realidad, con el tiempo, acabaría cansándome de esa manía suya de contemplar siempre el adoquinado de la calle o el parqué de las casas. con asombrosa claridad, decidí que si tenía esta rareza era muy probable que padeciera otras y que estar con ella implicaría acostumbrarme y soportarlas, por muy irritantes o nimias que fueran. seguí recapacitando; con seguridad, ella odiaría mis excentricidades y me obligaría a dejarlas apartadas y olvidadas y finalmente, un poco más adelante, cuando llegásemos a un punto insostenible en el que los gritos y las broncas dominaran la relación, terminaría por echarme en cara el día en el que víctor nos presentó en ese bar. me enfadé conmigo mismo por no haberme dado cuenta antes, pero sobre todo con ella por ser tan poco especial. por ser como el resto. miré a mi amigo y negué con la cabeza. 
-¿no os presento? – exclamó él suficientemente en alto como para que el resto se diera cuenta de lo que estaba sucediendo y detuvieran sus conversaciones para centrarse en la nuestra. 
su rostro examinaba el suelo y después a mí, confundida, a la expectativa, deseando un desenlace lógico a una situación en la que yo ya no tenía esperanza. ella había dejado de sonreír y sus amigas me observaban como si fuera un puto loco que no sabía lo que quería. nadie parecía comprender lo que mi mente había conseguido dilucidar en cuestión de segundos. 

me levanté, fui hacia la barra, pagué las cervezas que habíamos tomado víctor y yo y salí del bar. el aire fresco me vino bien para apaciguarme y olvidar la expresión desorientada de la chica de la clavícula. cuando pasé por delante del ventanal del bar estaba charlando con sus amigas. decidí que sí, que era perfecta, así, desconocida. 

12 diciembre 2011

planes

gloria se ha sentado en la mesa de al lado de la ventana, en el mismo lugar donde se sienta casi siempre. es la que mejores vistas tiene y la que queda más apartada de la barra, a estas horas, casi vacía. el camarero le ha servido el café bien caliente como le gusta a ella y un vaso de agua para después. espera impaciente. le gusta llegar con tiempo, observar a la gente, los que emprenden el viaje, las novias que se despiden con gesto compungido, los abrazos, pero sobre todo le gustan esos minutos previos en los que sin nada que hacer aparte de mirar, empieza a sentir ese hormigueo y ese nerviosismo que se repite sin excepción a pesar de que su historia dejó de ser novedosa hace meses. quizá por este motivo le gusta y no le importa en absoluto que su vida gire alrededor a esos fines de semana furtivos en los que él consigue escaparse y pueden estar juntos. 

recuerda bien cómo se conocieron y es en estas horas muertas cuando se recrea en evocar su primera noche en la habitación del hotel, después de una conferencia sobre mercados emergentes en la que el experto, un hombre joven poco acostumbrado a hablar en público, se limitó a tartamudear un discurso insustancial y tedioso. ellos estaban sentados uno al lado del otro y fue él quien inició una conversación que terminó con la moqueta del dormitorio de ella un poco manchada. luego pasaron a la cama y después al baño. decidieron no asistir a las ponencias de la mañana siguiente y aprovechar la habitación y todos los rincones que no habían probado la noche anterior. desde el principio conectaron y a gloria le asustó un poco que no sólo fuera una persona interesante, con la que se podía hablar de cualquier tema, sino que además se entendieran también cuando dejaban de conversar y se desplomaban en la cama, en silencio, satisfechos, jadeantes y empapados en sudor y semen. 
horas antes de separarse después de su primer encuentro, un poco turbado y con cierto temor, él le explicó que quería volver a verla y que tenía esposa. se miraron y partieron en direcciones opuestas. 
durante el viaje de vuelta gloria contempló el paisaje de campos helados y árboles deshojados y cuando llegó a casa sintió que sus miedos se habían disipado. le dolían un poco las rodillas y los arañazos en la espalda, pero todo lo demás había sido digerido y decidió que ella también quería verle otra vez. tardó apenas dos días en llamarla. al escuchar su voz ella no pudo reprimir un sonrojo adolescente y mientras él le contaba lo mucho que la echaba de menos, a ella le vinieron a la cabeza las imágenes de sus manos grandes recorriendo cada milímetro de su cuerpo, sus labios mordisqueando su piel pecosa y su creciente erección suplicando que se abriera de piernas. para él empezaron las mentiras, para ella los calendarios con días marcados en rojo en los que su único plan era encerrarse en casa con él. 

se veían cuando él podía y gloria nunca le recriminó su complicada predisposición en función de las comidas familiares y las barbacoas con amigos que él decía que no soportaba. tampoco objetaba nada cuando mencionaba a su mujer, los continuos problemas que tenían y la necesidad de solucionarlo de alguna forma u otra. gloria escuchaba y callaba. era un tema que no le incumbía; al fin y al cabo no era ella quien debía dormir en la misma cama todas las noches, ni la que debía verle la cara cuando volvía de follarse a otra. de hecho, gloria sentía una especie de agradecimiento cuando después de dos días, él se marchaba del piso. era una mezcla de pena por terminar algo que no sabía cuándo podrían reanudar y alegría por recuperar su espacio y reiniciar su vida a solas, pendiente de una llamada, un email, un ramo de flores que alegraba sus despreocupados días. 

el tren de las doce y diez llega con veinte minutos de retraso. el camarero se acerca a gloria y le informa de que van a cerrar. tiene cara de cansado y antes de levantarse e irse se asegura de dejarle una buena propina. posiblemente, en otro momento no lo haría pero hoy es un día marcado en rojo y cualquier minucia le dibuja una sonrisa en la cara. aparte de dos guardas de seguridad que pasean distraídos y un grupo de jóvenes empujándose unos a otros, la estación está desierta y gloria busca con la mirada algún sitio donde poder sentarse y resguardarse del aire fresco. descubre un banco un tanto incómodo cerca de una anciana vestida con harapos que busca comida en la papelera. los segundos se eternizan. 
“llego en diez minutos. quítate las bragas.” 
gloria suelta una carcajada al leer el mensaje. le gusta su forma de ser directa, sin rodeos, de ordenarle, incluso, y admite que a veces querría poder espiarle en su día a día para comprobar si realmente es así o sólo actúa de esta forma para ella. no le gusta desobedecer este tipo de órdenes y camina hacia uno de los baños de la estación, pero como suponía, a estas horas ya está cerrado. quizá si pregunta a los de seguridad… siguen dando vueltas por la estación y cuando se acerca a ellos, los hombres interrumpen su conversación y el más joven desvía la mirada a su escote. 
-hola. 
-buenas noches – contesta el más mayor. 
-no sé si podrán ayudarme, espero que sí. necesito ir al baño urgentemente pero está cerrado con llave y bueno… 
 -no se preocupe, yo le abro ahora mismo – soluciona el otro sin dejar de mirar sus pechos. 
-oh, perfecto – dice ella – acaban de salvarme la vida. 
-si todo fuera tan fácil, ¿verdad? – dictamina el joven. 
los tres ríen y se dirigen hacia los baños en silencio. el hombre más mayor le aguanta la puerta y ella se escabulle rápidamente. con todo el ajetreo imagina que él ya está en el arcén, buscándola, y se impacienta todavía más. se sube la falda, se quita los tacones, las medias y finalmente las bragas, que guarda en un pequeño bolso. decide guardar también las medias, a pesar de que el tiempo no acompañe. 
tiene tantas ganas de verle que cuando sale ha olvidado a los guardias que esperan fuera, ni tampoco les agradece el detalle que han tenido con ella. su móvil suena de nuevo. lee “tengo una sorpresa para ti”. si pudiera gritar sin pasar por una loca, lo haría ahora mismo. al alzar la vista de la pantalla, él está bajando del tren. espera de pie, quieta, inmóvil, sin saber qué hacer con las manos mientras él avanza hacia ella. se ha cortado el pelo y parece más joven. camina rápido, seguro, alegre y cuando por fin la alcanza, se abrazan y se besan largamente. el corazón de gloria palpita tan rápido que casi le da vergüenza que él lo pueda notar. cuando se separan se miran y sonríen como si en el mundo no existiera nadie más a parte de ellos dos. lo primero que él pregunta es si lleva bragas y gloria, sin demasiado disimulo, conduce su mano helada hacia su húmeda entrepierna. él introduce un dedo y lo chupa al sacarlo. se besan, se tocan. ella adivina sus deseos. salen de la estación en busca de un taxi con un conductor discreto al que no le importe que continúen allí con los preliminares. cogidos de la mano, y atropellándose mutuamente con preguntas que quedan sin responder, esperan un par de minutos en los que, de repente, gloria recuerda la sorpresa que él ha mencionado y pregunta curiosa y divertida. él se detiene. ya no sonríe. aprieta su mano y clava sus ojos en los de ella. 
-he dejado a mi mujer. – informa señalando la maleta, más grande de lo habitual para sólo un fin de semana.
gloria mira la maleta y después a él. busca un gesto en su cara, en su expresión, que indique que se trata de una broma, pero no lo encuentra. le gustaría poder responder algo. le gustaría incluso poder pensar en algo, pero se ha quedado en blanco y por primera vez en todos los días marcados en rojo del calendario, sabe con certeza que ahora no está tiritando por la excitación, ni por el nerviosismo, ni por las ganas que tenía de él, sino por el frío que se cuela entre sus generosos muslos. 

09 diciembre 2011

caso clínico: yo es que soy (pseudo) artista

quizá sea casualidad o quizá sea que me muevo por círculos equivocados, pero he observado que en los últimos tiempos por cada tres personas nuevas que conozco, tres son artistas.
a mí me gustan los artistas. siempre me han gustado: son gente abierta de mente, creativa, con ideas locas, con vidas interesantes y estoy segura que de algún modo hacen bien a la humanidad. gracias a tracy emin por ejemplo, cada mañana que salgo de mi casa disparada al trabajo, sin tiempo para hacer la cama, siento que estoy aportando mi minúsculo grano de arena al maravilloso mundo del arte contemporáneo:














(mi cama de tracey emin, obra seleccionada para el turner prize en 1999 aunque, oh, vaya fatalidad, no resultó ser la obra ganadora.)

y de verdad que aprecio al músico experimental que compone a base de los sonidos que emite su gato en el momento del parto en una melancólica tarde de invierno. de verdad que sí. pero es que curiosamente, también he observado que de cada tres personas nuevas que conozco, tres no son artistas, sino más bien pseudo-artistas, y bueno, este es otro cantar. y es que un pseudo-artista, y ojo que ahora viene la definición y en este punto nos jugamos bastante, no es un artista. de hecho está a años luz de ser artista, y no es porque no tenga talento, ni haya expuesto en ninguna sala, ni haya publicado, ni haya producido un bonito disco de su gato pariendo. no. es porque el pseudo-artista es más bien una actitud. una fachada. un farol. un quiero-pero-no-me-molesto-porque-mi-corte-de-pelo-is-too-cool.

el pseudo-artista pseudo-crea, aunque pueda dar la falsa impresión de que crea (sin el pseudo). a veces, entre inauguración y fiesta, escribe un haiku trascendental o toca el ukelele un par de minutos o hace una carta de color con los pantones de moda, pero eso es todo. como el resto de seres humanos, a no ser que además de pseudo-artista tenga mega-mecenas, después de “crear” se dirige a su trabajo de mierda que al fin y al cabo es el que le da para costearse el flequillo in.
y mi pregunta es: ¿qué ha pasado con las profesiones de toda la vida? ¿que hay de malo en ser panadero o secretario o dependiente o mecánico? por qué ahora todos son actores o dj o fotógrafos (o el top de los tops: artista multidisciplinar) a pesar de que pasen más horas en la oficina repasando facturas, barriendo el suelo o repartiendo cartas que en un estudio? llámenme romántica, o anticuada, pero a mí siempre me gustó imaginarme al señor kafka terminando una penosa y agotadora jornada laboral en la empresa de seguros donde trabajaba, llegar a su casa y pasar la noche escribiendo, dudando de si valía o no la pena continuar con su gesta. pero es obvio que a los pseudo-artistas no les son necesarias estas incertidumbres. ¿para qué dar rodeos pudiendo ser, desde el principio, un pseudo-artista? ¿para qué ser mortal pudiendo ser divino? y lo más importante: ¿qué tiene un pseudo-artista que no tengamos el resto de humanos?
pues más o menos, esto:
* no dormir. padecer insomnio y pasar la noche en vela “creando” es lo más y hacerlo saber es un must.
* no comer. pseudo-artistas gordos es una auténtica aberración. ah, y la causa de la delgadez son los buenos genes, nunca las dietas.
* auto propaganda. nada como hablar de uno mismo a todas horas porque al fin y al cabo en ningún sarao habrá nadie tan interesante como el propio pseudo-artista.
* drogas. sin límites ni restricciones, pero nada de agujas que esto ya no se lleva.
* sexo. mucho mejor si es con ambos géneros, si ha probado todas las prácticas habidas y por haber y, como no, alardea de ello.
* nada de sol. apariencia sanota, no gracias. más bien todo lo contrario: caras pálidas y ojeras, muchas ojeras.
* escoger una especialidad artística. en realidad este punto es lo de menos. se puede ir modificando en función del vestuario que vayan a ponerse para la fiesta de esa noche. magenta para directores artísticos, blanco roto para coreógrafos, negro para chefs, por ejemplo.

* su círculo de amistades no incluye a gente normal que desempeña tareas corrientes, aunque tampoco se contemplan otros pseudo-artistas más interesantes que ellos mismos. el ego es el ego y debe mantenerse intacto y en la cumbre.
* mentir. cuanto más inverosímil sea su propia historia, mejor.
* creerse su propia ficción.

moraleja de todo esto: señor kafka, esté donde esté, manifiéstese pronto porque mis musas me han comunicado que prefieren ser coolhunters y creo que voy a llorar.

02 diciembre 2011

niños

-¡pero es que tú eres muy tonto! 
-!yo no soy tonto! 
-sí, eres tonto porque todavía no sabes leer. 
-sí que sé. 
-no, no sabes. 
-¡sí que sé! 
-pues dime qué letra es esa – le reta blanca señalando un cartel publicitario en la pared del túnel que enlaza la línea 2 con la 3. 
hugo se detiene delante del cartel. arruga la nariz y ladea la cabecilla, sin reconocer la letra. diría que es una n, pero también podría ser una u. siente rabia, ganas de tirarle de la coleta a blanca y decirle que ella sí que es tonta, pero su madre, que intuye otra pelea inminente, intercede para poner orden. -¡hugo, por favor! – coge la mano de su hijo y lo arrastra 
-no tenemos todo el día. 
-¿ves? – sentencia blanca, satisfecha - no sabes leer y eres tonto. 
-¡no lo soy! 
-¡tonto! ¡tonto! ¡tonto! 
-parad ya, ¡los dos! 
los niños callan y se apresuran para seguir a irene, que mira el reloj y comprueba que llegará tarde a la oficina. hoy precisamente, que tiene una reunión con su jefe a primera hora y todavía no ha terminado el informe que le pidió hace un par de días. 
-irene, ¿tú cuando aprendiste a leer? – insiste blanca con ese hilillo de voz que pretende ser divertido e inocente pero que consigue malhumorar a la madre de hugo. 
-no me acuerdo blanca. 
-¿no te acuerdas? – se extraña la niña - pues mi madre dice que como yo ya sé leer me comprará la mochila de la hello kitty para navidades. 
 irene no responde. ni tan siquiera la mira. aprieta un poco más la mano de su hijo y la acaricia con su pulgar. hugo tiene las manos pequeñas y frías, su piel es suave y blanquecina, como la suya. también tiene sus mismos ojos grandes, oscuros, el pelo lacio y claro, los labios rosados y finos y esa manía de arrugar la nariz cuando las cosas se tuercen. es un poco patoso y abre mucho la boca cuando se ríe, mostrando sus dientes de leche que ahora empiezan a moverse y que no quiere que se caigan porque piensa que le va a doler. y cuando él la llama “mamá”, ella, a pesar de los años que han pasado desde que nació, sigue notando un agradable calorcillo en las mejillas y no puede evitar sentirse la mujer más afortunada del mundo. 

hugo llegó tarde. llegó después de varios vanos intentos en los que irene atiborraba su cuerpo de medicamentos y se sometía a decenas de tratamientos que sólo sirvieron para que la ilusión se convirtiera poco a poco en decepción y lloros silenciosos a las cuatro de la noche en el baño de su casa. ella sin embargo, y a pesar de la evidencia, insistió hasta que los médicos y su marido la obligaron a un periodo de descanso. aprovechó para quedarse en casa, comprar ropa de bebé y obsesionarse todavía más. su cabeza decía sí, pero su cuerpo no. casi un año después, cuando había vuelto al trabajo, cuando había arrinconado los libros de partos y las revistas de cuidados infantiles, cuando había dejado de girar la cabeza cada vez que se cruzaba con una criatura por la calle, su cuerpo cedió y dijo sí. 
tuvo un embarazo tranquilo y agradeció con una sonrisa sincera las náuseas de por las mañanas, los kilos de más, las estrías, las varices, las piernas abotargadas, las contracciones y el parto de doce horas. y cuando colocaron al pequeño hugo, embadurnado de sangre, hinchado y llorón, en sus brazos, irene comprendió que esa diminuta criatura con apenas dos minutos de vida, ya le había cambiado su existencia. 
-y yo también sé contar. hugo no sabe contar, ¿no? – prosigue blanca, buscando cierta complicidad con la sabiduría de un adulto como irene. 
-¡yo sí, sé contar! – grita el niño soltando la mano de su madre y al bordo del llanto.
irene lo agarra con más fuerza para que no se escape y él comienza a llorar. -¡hugo! – reprende la madre. 
en realidad le gustaría decir otra cosa. en realidad le gustaría pararse un momento, agacharse, mirar a blanca a los ojos y explicarle que a las marisabidillas como ella, se las come para desayunar. a pesar de su adoración por los niños desde siempre, hay algo en blanca que detesta profundamente. no sabe si es ese intenso olor a colonia, sus mofletes regordetes, sus andares con los pies ligeramente orientados hacia fuera, su voz chirriante o esa disponibilidad para hacer enfadar al niño a todas horas. consigue sacarla de sus casillas y se avergüenza por ello, pero tampoco puede evitarlo. si no fuera porque la madre de la niña recoge a los dos a la salida del colegio y le hace el favor de quedarse con hugo hasta tarde, irene hubiera preferido disfrutar del viaje sola con su hijo. y está segura de que él también. 
-yo si no supiera contar ni leer, bufff… no sé lo que haría - manifiesta blanca con un gesto entre el desespero y la catástrofe.
irene respira. hugo sigue llorando. una ráfaga de viajeros les engulle escaleras abajo. blanca pasa primero e irene aprovecha para mirar a su retoño y sentir unas tremendas ganas de abrazarle, secar sus lagrimones y decirle que en la vida deberá acostumbrarse a este tipo de personas siempre predispuestas a incordiar y molestar. al llegar a la plataforma, atestada de gente con prisas y pocas intenciones de ceder el paso, blanca se aleja de su vista. irene estira la cabeza, pero no consigue ver a la pequeña. sin querer, empuja al hombre que está delante. 
- señora, joder, que llegaremos igual con o sin empujones – espeta el hombre negando con la cabeza. 
-perdone – susurra ella, nerviosa. – he perdido a una niña y… 
-pues tenga más cuidado. ¿qué quiere que haga yo? 
irene nota su pulso acelerándose, pero al menos hugo ha dejado de llorar y ahora, intentando alcanzar los pasos largos de su madre, se apresura con un semblante divertido. 
-¿y blanca? – pregunta el niño. 
-estará más adelante – contesta ella deseando creer lo que acaba de decir. -pues si ya sabe ir sola al cole, ¿por qué sigue viniendo con nosotros, eh, mamá? 
irene traga saliva y sonríe a su hijo, pero no contesta. estira de nuevo la cabeza, gira la mirada a izquiera y derecha. nada. imagina a la niña metida en algún vagón en dirección contraria a la escuela, rodeada de desconocidos, perdida, sola, desorientada y todo por su culpa. luego imagina a hugo en la misma situación y le hierve la sangre por haber sido tan descuidada y estúpida. mientras sigue avanzando por la plataforma, casi sin poder respirar y con su hijo agarrado fuertemente de la mano, promete que si encuentra a blanca, se portará mejor con ella, escuchará sus comentarios y contestará a sus preguntas. y quién sabe, quizá al final acabe siendo una buena influencia para hugo. en ese momento llega el metro y la plataforma se vacía ligeramente. sólo entonces divisa la cara mofletuda de la niña que espera tranquilamente sentada en un banco, entre dos chicas excesivamente maquilladas. blanca mira a los dos con cierta resignación. 
-hemos perdido el tren – informa cuando los dos se acercan. 
-no vuelvas a separarte, ¿de acuerdo? – dice la madre, reprimiendo las ganas de gritarle, pero aliviada por fin. 
-¿por qué? yo ya soy mayor y tú no eres mi madre. mi madre deja que vaya sola a todas partes y tú no puedes ordenarme nada. 
las chicas maquilladas miran a la niña y luego a irene esperando una reprimenda, un par de gritos, incluso. hugo suelta su mano y la observa también, pero ella con la frente sudada y el pulso todavía acelerado, se sitúa al lado de la niña y mira al suelo. blanca, triunfante, tararea una canción que acompaña con algunas palmadas. cuando el cartel luminoso anuncia la entrada del próximo tren, la madre avisa a los dos: -venga, arriba que ya está aquí. los tres esperan detrás de la línea amarilla, a pocos centímetros de la vía. blanca sigue tararando, irene revisa la hora y la vocecilla de hugo pasa totalmente inadvertida: 
-eres tan tonta, blanca. 
estira sus pequeños brazos y empuja con fuerza sin que la madre pueda detenerle ni la niña pueda reaccionar. 
con deseada puntualidad para los viajeros, el tren llega a la estación a las ocho y treinta y dos minutos, dirección norte. algunos pasajeros gritan, otros tapan su cara con el periódico de la mañana y otros sacan su móvil apresuradamente. durante unos segundos la estación enmudece. los movimientos parecen ralentizarse y luego, de repente, chillidos, sirenas y avisos por megafonía. hugo, desconcertado, arruga la naricilla y mira a su madre con esos bonitos ojos oscuros, grandes y brillantes. 

26 noviembre 2011

me atiende oscar y sé que se llama oscar porque al entrar en la sala me ha dado su tarjeta con las dos manos y un ligero movimiento de cabeza como hacen los chinos sin ser chino claro porque oscar no tiene los ojillos rasgados ni el pelo negro oscar es todo lo contrario a un chino de hecho oscar podría pasar por cualquier cosa menos por chino y cuando digo cualquier cosa digo al típico hombre trajeado que hace un gran esfuerzo para ser correcto y ante todo profesional pero al que oh ups perdón vaya oh oh oh se me van los ojillos y no puedo evitarlo así que mientras él me indica donde sentarme y yo hago un repaso rápido a la solemne sala de reuniones pienso si no sería mejor largarme antes de que sea demasiado tarde pero ups vaya demasiado tarde porque oscar no pierde el tiempo como buen caza-alumnos que es y se ha aprendido la lección y se la ha aprendido bien y su rollo de lo magnífica que es la escuela y los profesores que en ella imparten clases y la enorme eficacia de su método y el reconocimiento del que gozan oscar oscar oscar esos ojillos para arriba así bien muy bien un poco más arriba un poco más ahí perfecto ¿ves? has perdido el hilo y así no avanzamos y toses un poco para disimular pero está bien yo te perdono porque bueno estas cosas pasan y todos somos humanos algunos más que otros y en el fondo tu entusiasmo y estas ganas que parece que tienes para comerte el mundo o alguna otra cosa me gusta y porque sí desearía saber si este curso va a salvarme la vida o simplemente voy a derrochar el dinerito que tanto me cuesta ganar y claro que tú esto no lo sabes ni tampoco tendrías porque saberlo y en realidad a ti oscar querido te da bastante igual siempre y cuando yo pague y tú cobres tu bendita comisión y puedas seguir llevándote a otros posibles futuros estudiantes a esta solemne sala de reuniones y soltarles esta charla que me está aburriendo un poco oscar hijo podemos hablar de cómo has llegado a trabajar aquí y de si te gusta tu trabajo aunque sospecho que me dirás un sí convincente y categórico o si quieres también podemos hablar de que vas a cenar hoy o si tocas la flauta o de si prefieres arriba o abajo porque eso me interesa más y no es que no quiera hacer el curso al fin y al cabo he venido por mi propia cuenta como una persona madura que quiere hacer un curso para alumnos serios y centrados y aquí me tienes afirmando y negando con mi cabecita cuando procede pero sinceramente es que a mí los chiquillos tan jóvenes con traje que además me hablan de usted y repiten mi nombre un promedio de tres veces cada treinta segundos y usan ese tono de profunda devoción al cliente y le chupan el culo y quien dice chupar dice chupar pues qué quieres que te diga me asustan un poco y es que oscar querido cuánto tiempo llevamos aquí dentro porque a mí me parece una eternidad y si quieres que te confese algo desde que entré en esta solemne sala me siento un poco como pez fuera del agua y ese agudo ruido de fondo que resulta ser tu voz sin nada de contenido me aburre oscar me aburre sabes a lo que me refiero ah espera ahora me estás hablando del cátering de la escuela? puede ser eso posible? oscar oscar oscar querido arriba arriba arriba esos ojillos esos ojillos ahí buen chico perfecto o sea que además de buena escuela y grandiosos cursos hacéis unos bocadillos de chorizo para lamerse los dedos? crees que prodríamos conseguir la receta? bueno pues está bien no digo que no pero desde luego este punto no creo que lo vaya a tener en cuenta para apuntarme a vuestra escuela con una borsa de trabajo que promete maravillas casi tan maravillosas como ese cuadro es que no puedo evitarlo oscar lo tienes justo detrás de ti y mientras me hablas de de de dónde estamos ahora ah ah ah sí sí vale financiación sigue sigue que yo te pillo en dos minutos deja que observe este cuadro con detenimiento porque no sabría cómo catalogarlo porque es posible que tú no te hayas parado nunca a mirarlo es posible que no sepas ni que existe porque oscar querdio estás demasiado ocupado hablándome de ummm de que oh sí sí de que sois una de las mejores escuelas del país pero esto no me lo habías dicho ya antes? oscar no pensarás que estoy sorda o soy tonta o peor aún que quizá no esté prestando mucha atención a tus sabias palabras pero compréndelo ese cuadro de marco dorado y blanco esa escena campestre de jardinero podando árbol deshojado ese fondo grisáceo esa casona sin perspectiva porqué ese cuadro en esta sala? tiene algún significado especial o es que lo pintó algún hijo de ese excelentísimo profesorado que has mencionado cuatro veces? cómo me gustaría parar tu charla y preguntarte por el cuadro imagino tu cara de sorpresa y tu balbuceo y tu cabeza ladeada y tus ojillos fijándose en el cuadro por primera vez y pensando joder esta mujer no me escucha y no está bien de la cabeza pero qué coño me la follaría igualmente oscar oscar oscar por dónde vamos ahora? y ups, ahí viene un poco de ataque de tos inofensiva que te obliga a bajar la mirada y aiii ahí estamos de nuevo en ese punto por el que noto cierta predilección y yo creo que tu falsa tos y mi mente divagante formarían un buen equipo tú qué dices? no lo crees? montamos algo?
página seis del folleto informativo y yo por el grueso calculo unas ummm veinte? treinta páginas? de verdad queremos hacer esto seamos sinceros oscar tú estás cansado has trabajado todo el día informando a otros posibles alumnos con este bonito traje y esta corbata que te aprieta un poco y yo bueno yo he tenido un buen día para qué negarlo pero me apetece retirarme a casa y olvidarme de cursos de financiaciones de ciclos de conferencias gratuitas oscar querido entiéndeme si me dejas ir ahora y prometes no enseñarme todo el centro con sus instalaciones y sus pizarritas donde los ilustrísimos profesores escriben sus fórmulas y sus palabras clave y su bar con esos deliciosos bocadillos y vuestra biblioteca abierta los fines de semana y vuestro alumnado internacional yo prometo apuntarme al curso pero déjame ir ya oscar que ya vamos por la hora de monólogo soporífero o dime al menos que podré llevarme el cuadro del jardinero podador ese sí que sería un buen regalo de bienvenida y no esta mierda de bolsa de plástico con un lápiz y un bloc de notas que tiraré a la papelera cuando salga a la calle si es que algún día me liberáis y puedo sentir de nuevo la luz del sol acariciando mis mejillas suaves y sonrosadas joder qué poetisa me pongo cuando me aburro oscar no lo sabes tú bien.
que si me apetece tomar algo? ostras pero vamos a ver estimado oscar ya hemos llegado a este punto en nuestra relación? ah vale vale o sea que ya estamos en el bar y que este es el famoso bar de bocadillos y fantas y cafés vamos un bar como todos los bares sin nada especialmente especial y que me estás proponiendo que tomemos algo? pero oscar tú sabes que esto no funcionaría no? ah bueno no espera ya entiendo bien de acuerdo o sea que esto forma parte de la representación oscar de verdad es que así no vamos bien tú y yo que todo esto no es necesario que a mí todas estas reverencias estos regalos cutres esta forzada seriedad y este autobombo propagandístico me dan un poco de repelús y bueno no quisiera ser maleducada pero ha quedado claro que cuando te he dicho que no gracias te has quitado un peso de encima no? te imaginas que llego a decir que sí y nos vemos en la terrible obligación de alargar esta sesión informativa y que tienes que seguir convenciéndome de que mi futuro es esta escuela? oscar querido mío vamos a dejarnos de ser estupendísimos y acompañame hasta la salida porque con tanto pasillo y tanta aula me he desorientado es lo que tiene ser mujer y no saber leer mapas aunque tú sí sabes dónde mirar aiii oscar si es que no desperdicias ni una ocasión madre mía como seas igual en otros temas aunque yo lo único que veo ahora es la puerta de salida que susurra ven ven ven a mí yo te acogeré y es un poco como esa luz al final del túnel y sonrío porque por fin vamos a dejar de fingir y sí ya sé que ahora viene lo de que ha sido un auténtico placer y llámame para cualquier cosa y nos encantaría tenerte como alumna y umm espera un último repasito así bien por delante oh sí nena y uummm bien por detrás y ya sólo nos faltaría una cariñosa palmadita en el culo como seguro que sabes dar aunque en cambio como buen profesional me ofreces tu mano cálida segura y un poco sudada y esa confiada sonrisa de persona que ha cumplido con su deber y en breve se dirigirá a su casa a relajarse en su sofá y tal vez pajearse con vídeos porno o eres más de revistas? así que sí sí hasta otra espero sí oscar queridísimo sí espera que salgo a la calle y aspiro un poco de aire y bufff dónde cojones hay una papelera y ahora parece que ya me siento un poco mejor.

19 noviembre 2011

volvemos en cinco minutos

betina se levanta la primera de la casa, normalmente a las seis de la mañana, cuando fuera todavía es negra noche. intenta no hacer mucho ruido para que su marido siga durmiendo una hora más en el centro de la cama de matrimonio. cierra la puerta de la habitación con cuidado y a oscuras se dirige al baño. la fría luz del fluorescente le ciega los ojos y la apaga casi al instante. levanta la tapa del water, se baja los pantalones del pijama y las bragas al mismo tiempo y bosteza. hace un segundo intento con la luz. odia su rostro por las mañanas. y por las tardes. odia su rostro en general al igual que su cuerpo. las arrugas, las manchas, los pliegues y las canas cada vez son más difíciles de disimular. hace treinta años tenía un rostro fresco y alegre del que no necesitaba preocuparse. ahora, con cincuenta y dos, las bolsas en los ojos y la papada del cuello provocan que evite los espejos cuando pasa por delante de ellos.
cuando paco se levanta, betina ha preparado el café y las tostadas. los dos se sientan en la pequeña mesa de la cocina, uno delante del otro y comen en silencio. algunas veces paco le pide más café, otras le dice que llegará tarde. en ambos casos ella asiente y mira sus uñas, resquebrajadas y sin brillo. paco es contable. trabaja en la misma compañía desde hace treinta años, al principio haciendo los recados que las secretarias no querían hacer porque estaban demasiado ocupadas flirteando con los encargados de departamento. ahora tiene su propio despachito en el sótano y una línea directa que apenas suena. hace su trabajo mecánicamente, con disciplina y con la misma ilusión con la que llega a su casa al mediodía. algunas veces, para demorar el momento entra en un bar y se toma un par de cervezas. algunas otras se entretiene en su despacho, detrás de la pantalla de ordenador. otras no le queda más remedio que llegar puntual y escuchar como su esposa suspira resignada.
después de desayunar betina recoge la mesa, hace la cama, airea la habitación, plancha, friega y pone la tele. le gusta estar al día de lo que pasa en el mundo, aunque le gustan más los cotilleos de los famosos, que empiezan justo después. sólo han pasado cinco horas desde que se levantó y ya terminó de ordenar y limpiar. se sienta en el sofá. mira el reloj de la pared. las once, se dice. es una mala hora. demasiado temprano todavía. no habrá nadie. aunque el otro día… pero no, no. esperaré un poco más. y espera. abre una bolsa de patatas fritas sabor jamón, come la mitad y espera. se dirige a la cocina, abre la nevera, coge un trozo de chocolate y espera. acaban los cotilleos y espera. va al baño, se pone un poco de carmín en los labios y decide no esperar más. quita el portátil de la funda de plástico y hace una búsqueda rápida.
poeta69 no está conectado, pero en cambio manitasdeoro sí. ¿le contactó él la última vez o fue ella? ¿si le dice algo, pensará que está desesperada? ¿y si no le dice nada creerá que no le gusta?

se levanta del sofá, vacilante. en el baño se quita un poco de carmín y exagera la raya de los ojos que difumina después con el dedo húmedo de saliva. peina su pelo, lo recoge con una coleta baja y al final decide dejarlo suelto. al sentarse de nuevo la pestaña del chat parpadea y en la tele emiten un anuncio de embutidos bajos en sal para los que quieren cuidarse y sentirse bien. betina mete la mano en la bolsa de patatas fritas sabor jamón y come la otra mitad restante. cuando cree que ha pasado suficiente tiempo, se limpia las comisuras de los labios y abre la pestaña.
manitasdeoro: ke tal wapa? estaaaasss?
luna_blanca: hola!
manitasdeoro: has tardado. pensaba ke no kerias saber nada d mi :-(

luna_blanca: claro que quiero saber de ti. ¿cómo estás?

manitasdeoro: t exo de menosss. ke haces?
luna_blanca: nada, aquí aburrida…
manitasdeoro: eso lo soluciono yo

manitasdeoro: kieres ke te entretenga un ratooo
manitasdeoro: …???
luna_blanca: ¿cómo?
manitasdeoro: jajaja. ya sabes komo ;-O

betina se estira en el sofá y traslada el portátil a su barriga fofa. siente el calorcillo de la batería y un cosquilleo familiar un poco más abajo.

manitasdeoro: ke llevas puesto?

luna_blanca: nada
manitasdeoro: jajaja. nada? komo eres.
manitasdeoro: no t gusta perder el tiempooo, eh? pues ahora mismo se me sta poniendo bastante dura solo d pensarlo

luna_blanca: ¿y no vas a aprovecharlo?
manitasdeoro: jejeje

manitasdeoro: stas preparada?

luna_blanca: contigo siempre lo estoy
manitasdeoro: imagina k estamos en la playa. tu y yo solos. hace kalor y no puedo apartar mi mirada de tu kulo redondo y grande. me acerco y t akaricio los muslos. t gusta y abres un poko las piernas. mis manos van subiendo poko a poko y kon la punta d la lengua empiezo a lamer tu kuello y lentamente voy


justo en ese momento betina se da cuenta que poeta69 también desea hablar con ella. “maldita sea”, susurra, y abre una segunda pestaña de conversación.


poeta69: hola
manitasdeoro: … bajando hasta alkanzar tus pezones durossss
luna_blanca: hola
poeta69: hacía días que no coincidíamos
luna_blanca: cierto

poeta69: cómo va toso?

poeta69: todo
manitasdeoro: stas ahí? kontinuo?


con una destreza admirable, luna_blanca consigue seguir el hilo narrativo de manitasdeoro, aunque esta vez no consigue concentrarse tanto como para llegar al orgasmo, y descubrir que a poeta69 le gustan los bistecs poco hechos, el arroz y levantarse tarde. es una pena, sin embargo, que todavía no consiga despegarse de esa timidez que ya advirtió el primer día, hace unas dos semanas. se pregunta si algún día llegará al mismo nivel de intimidad que manitasdeoro o aquel otro que conoció seis meses atrás y que desapareció sin más y del que ahora no consigue recordar el nombre. o simplemente debería conformarse con estas conversaciones pre adolescentes que no se corresponden con su sugerente nick.

manitasdeoro: t ha gustado?
luna_blanca: mucho, eres el mejor

manitasdeoro: pero... ... te has corridooo?
luna_blanca: ;-)
luna blanca: mañana me toca mí, ¿de acuerdo?
manitasdeoro: ;-)

manitasdeoro: t spero pues, wapa

poeta69: sigues ahí?

luna_blanca: sí, perdona. el teléfono…

poeta69: vaya, bueno, yo tengo que irme ya…
luna_blanca: ¿tan pronto?

poeta69: sí, pero esta tarde intentaré conectarme otra vez. me gusta hablar contigo

luna_blanca: a mí también. te espero esta tarde?
poeta69: quizá puedas enviarme una foto
luna_blanca: bueno, de eso ya hablaremos...
yo no soy muy de fotos
poeta69: hablamos. te envío un beso


betina mira el reloj del comedor: la una del mediodía. calcula que si se da prisa, todavía podrá preparar un arroz hervido y un par de huevos fritos para su marido. apaga el portátil y lo esconde en el cajón de la ropa interior, el único por el que su marido ha perdido todo interés hace tiempo.

de camino a casa paco luce una sonrisa extraña que borra cuando abre la puerta. su mujer acaba de limpiar los cacharros de la cocina y en la mesa le espera la comida. en la tele, un anuncio de detergente que limpia incluso las manchas más incrustadas. paco come con rapidez. betina apenas prueba bocado. le mira de reojo y escucha ese molesto ruido que hace al masticar. quisiera poder levantarse y encerrarse en alguna habitación, alejada de él. sin embargo decide que es más fácil actuar como siempre.
- ¿tienes más hambre? ¿te hago un bistec?
él asiente sin levantar la vista del plato.

- pero asegurate que esté crudo - dice - siempre lo dejas demasiado hecho y nunca me ha gustado así. con los años que llevamos juntos y todavía debo recordarte cada día lo que me gusta y lo...

- paco – interrumpe ella - no empieces. no estoy de humor.

- para variar.


al acabar de comer, betina lima sus uñas sin brillo y paco resuelve sudokus. luna_blanca y poeta69 esperan. en la tele, un anuncio de salsas para acompañar carnes, pastas y ensaladas. la salsa de la vida, apostilla la voz en off.

07 noviembre 2011

Semejante perspectiva no es muy reconfortante. Nadie la acepta sin echar pestes. !Cómo!, se dice el joven licenciado, ¿voy a tener que pasarme los días detrás de esos despachos acristalados en vez de ir a pasear por los prados floridos? ¿Voy a descubrirme lleno de esperanzas en vísperas de ascensos? ¿Voy a calcular, intrigar, tascar el freno, yo que soñaba con poesía, con trenes nocturnos, con arenas cálidas? Y, creyendo consolarse, cae en la trampa de las ventas a plazo. Entonces, queda atrapado, y muy atrapado: no tiene otro remedio que armarse de paciencia. Pero, !ay!, al llegar al final de sus penas, el joven ya no es tan joven, y, para colmo de desgracias, podrá incluso percatarse de que su vida ya está pasada, de que no era más que su esfuerzo y no su meta y, hasta, si es demasiado sensato, demasiado prudente -pues su lenta ascensión le habrá dado una sana experiencia- para decirse tales cosas, no por ello será menos cierto que habrá llegado a la edad de cuarenta años, y que la instalación de sus residencias principal y segunda, y la educación de sus hijos, habrán bastado para llenar las pocas horas que no habrá dedicado al trabajo...

Las cosas, G. Perec

28 octubre 2011

caso clínico: el hombre correcto

(y quien dice hombre, dice mujer).

hay que reconocer que en el mundo actual sobra pasotismo y falta educación. en esto estamos todos de acuerdo: los jóvenes (y no tan jóvenes) ya no se levantan del asiento al ver a una embarazada o a un anciano en el metro y es más habitual escuchar un “hijo de puta” que un “gracias”. bajo estas circunstancias, hoy hablamos del hombre-correcto, sin duda una especie en extinción del que quedan escasos ejemplares pero que, por motivos que detallaremos a continuación, no nos importaría que acabara desapareciendo definitivamente.

como bien indica su nombre, el hombre-correcto es aquel que bajo un comportamiento impecable, una sonrisa permanente y una palabrería brillante, puede convertirse en el perfecto anfitrión de cualquier fiesta en particular y de la vida en general, el marido que toda madre desaría para su hija y el candidato que un jefe elegiría para un puesto de trabajo ridículamente remunerado (a la baja, claro).
¿es pues el hombre-correcto el hombre-perfecto? no no no. no nos confundamos: una cosa es corrección y otra perfección. digamos que el optimismo del hombre-correcto el lunes por la mañana, descuadra. digamos que la tercera vez que desea los buenos días, sobra. digamos que cuando comenta los preparativos para navidad a mediados de septiembre, asusta. digamos que cuando se interesa por si has dormido bien o mal, irrita. digamos que su habilidad para quedar bien, hacer el bien y decir el bien desarrollan unas ganas imperiosas de zarandearle (con cuidado, que luego vienen las demandas).

el hombre-correcto nunca tiene un mal día, siempre se acuerda de los cumpleaños, nunca bosteza en la mesa, siempre deja pasar antes a las señoras, nunca tutea si no se le ha dado permiso antes, siempre toma la medicación a la hora exacta, nunca pierde los papeles, siempre dice perdón aunque no la haya cagado él, nunca se desvía del camino aconsejado, siempre ofrece la misma sonrisa hierática y nunca, nunca, nunca la fastidia porque siempre tiene recursos para redirigir la situación y arreglarlo todo con un comentario a la altura de las típicas damas que frecuentan las salas de té y beben con el meñique levantado.
atención, ejemplo:
- buenos días. ¿cómo estás en este precioso viernes lluvioso?
- bien, gracias. (este gracias es empático)

- me alegro mucho, de verdad. ¿y tu familia?

- todos bien.

- ¿y tu abuelo? creo recordar que tuvo un catarro.
- murió hace nueve años.

- oh, vaya por dios, lo siento muchísimo. espero que no sufriera mucho. suerte que en esos duros momentos tenemos a la família para… claro que estas cosas pasan... ley de vida, dicen… mi abuelo murió también, el pobre tenía noventa y tres años… nos cogió a todos por sorpresa, pero ya estamos recuperados. ¿tú estás bien, no? yo te veo muy bien, mujer. anímate.
- (…)
- bueno, pues me alegro mucho de verte, de verdad. y cuídate por favor que no quisiera que te sucediera nada a tí. y si necesitas cualquier cosa, ya sabes dónde encontrarme. para lo que sea, honestamente. para esto estamos. faltaría más. mujer. con toda confianza. en serio.
- (templanza)

el hombre-correcto es, como suiza, un hombre neutral. terriblemente neutral. no toma partido ni en el futbol porque para él quedar mal con alguien es sinónimo de traición y destierro. de hecho, esta es su peor pesadilla y no concibe un mundo en el que no esté en harmonia con todos, incluídas cucarachas, suegras y mensajes grabados de carácter comercial de grandes empresas de telecomunicación. y ojo, que esto no quiere decir que el hombre-correcto no sea, en privado, un sádico. porque una cosa no quita a la otra. sí, se puede ser sádico en casa, pero correcto en público. al contrario de lo que suele suceder en la mayoría de casos… lo que el hombre-correcto desconoce, y es una verdadera pena, es que si mostrara al mundo un poco de este lado salvaje sería muchísimo más apreciado. porque, sincerémonos: qué prefiere usted, ¿un par de azotes o una tarjeta de feliz cumpleaños de winnie the pooh?
en cualquier caso es complicado cambiar los hábitos del hombre-correcto. cuando se nace modélico, se nace modélico y ni una educación en un colegio de curas podría modificar este comportamiento. lo más sencillo es invertir los términos: pruebe a acentuar su propio lado salvaje-imaginativo y cuando el hombre-correcto comente algo trivial con lo que usted ni siquiera haya reparado, transforme su empalagosa cortesía por un látigo, unas esposas, una botas de cuero, lo que sea para desenmascarar su lado angelical. y es que ya lo dice el dicho: si mahoma no va a sevilla, amanece más temprano. o algo así.

21 octubre 2011

a veces me imagino que nos encontramos de nuevo. por la calle. en verano. un domingo. imagino que te soprendes, pero sonríes. nos acercamos con cautela y besamos las mejillas sin apenas tocarlas, como si fuéramos familiares lejanos. dices que te alegras de verme. imagino que lo dices de verdad. me preguntas si tengo prisa y si me apetece tomar algo. accedo y buscamos algún sitio donde sentarnos. localizamos una terraza, al lado de un parque con niños y ancianos y palomas. al principio no sabemos de qué hablar. tú toses y yo jugueteo con una servilleta entre las manos. disfrazamos el silencio que nos había acompañado otras veces y con el que siempre estuvimos cómodos. las cosas cambian. lo sé. lo sabes. imagino que remueves el café en sentido contrario a las ajugas del reloj y que le pides al camarero un cenicero porque no has conseguido dejar de fumar. lo intentaste dos veces, las mismas que yo. me preguntas por la familia y el trabajo. imagino que te digo que estan todos bien aunque en realidad no te importa mucho. tú querrías saber otro tipo de cosas. si sigo durmiendo en el lado derecho de la cama, si pienso en ti cuando escucho esa canción, si me arrepiento de esa conversación, pero somos adultos y sólo hablamos de lo que no remueve tiempos pasados. imagino que cada uno recrea una vida en orden, encarrilada, plena y se lo cuenta al otro sin suficiente convencimiento. los dos pretendemos creer y evitamos mirarnos. las cosas no siempre cambian. los niños pelean, alborotan y los ancianos se aferran a su banco de hierro oxidado. imagino que los minutos se alargan y que los temas se agotan. imagino mi impaciencia, la servilleta arrugada, las tazas vacías, las palabras superficiales.

imagino que después de despedirnos ando desprisa, cruzo en rojo y paso de largo cuando llego a casa. imagino que es como si no te hubiera visto, a pesar del hueco en el corazón y la vista nublada.

19 octubre 2011

Es curioso que cuando alguien grita "!sálvese quien pueda!" todo el mundo salga corriendo. ¿Acaso no se puede uno salvar quedándose?

Una novela francesa, F. Beigbeder

15 octubre 2011

lucidez

la mujer mira las sábanas y piensa que debería cambiarlas. las manchas de sangre cuestan el doble de quitar cuando se han secado. definitivamente es la última vez que pone unas sábanas de color claro. la semana pasada, con las verde oscuro que compró de oferta en el centro comercial, el cambio de color quedaba más disimulado, aunque claro, también tuvo que limpiarlas. estas van directas a la basura. como el colchón. cada vez resulta más difícil mantenerlo limpio pero tirarlo ahora mismo es inviable. viviendo en un quinto y en un edificio de cuatro pisos por planta, sería casi imposible no cruzarse con algún vecino indiscreto que preguntase o peor aún, que quisiera ayudar. claro, relfexiona, que también podría envolverlo con alguna tela... no, definitivamente no, así llamaría todavía más la atención y no quiere jugársela con estas tonterías. deberá seguir limpiándolo a conciencia como ha estado haciendo hasta ahora.
se ha lavado la cara y las manos en el baño y entra de nuevo en la habitación. el aire está condensado y necesitaría abrir la ventana, pero tampoco puede. a sus pies un charco de sangre oscura y espesa que llega hasta la cama, unos metros más allá. todavía está tibia, como el cuerpo, que yace panza arriba, con la boca abierta, los ojos como platos y el cuchillo en vertical, clavado a la altura del estómago. se acerca depacio intentando no resbalar, aparta el brazo derecho del cadáver y lo coloca encima del pecho inerte. se sienta a su lado con cuidado para no mancharse de nuevo, coge el paquete de encima de la mesilla y enciende un cigarrillo. observa el cuerpo con cierta curiosidad, como si fuera la primera vez que viese algo semejante. tenía unos buenos abdominales y un bonito pelo oscuro. incluso le gustaron las historias que contó la noche anterior en el bar, probablemente ni una cierta, pero eso tampoco importaba demasiado. lo que no toleró fue que, ya en casa, mientras él le arrancaba la ropa y la besaba, prometiera entre susurros una noche inolvidable y que un par de sacudidas después se diera la vuelta y cayera en un profundo sueño. ella se levantó de la cama, fue hacia la cocina y decidió que sería él quien no olvidara esa noche.
no, en algunos temas no soportaba que le mintieran.

09 octubre 2011

versiones


había conseguido olvidarlo. por ese motivo abrió la puerta sin pensar. hacía más de un año que no sabía de él y durante ese tiempo habían sucedido demasiadas cosas. pensó que serían los de la fibra óptica. o los del gas. o los testigos de jehová, pero en ningún momento se le pasó por la cabeza que podía ser él. lo reconoció enseguida: se había dejado barba, estaba más delgado y moreno. no sintió que su corazón diera ningún vuelco ni tampoco ganas de sonreír, pero sí que sus piernas flaqueaban. maldijo interiormente no haber mirado por la mirilla un segundo antes, ni que fuera para estar preparada cuando abriera la dichosa puerta, si es que había forma posible de preparase para algo así.
él sonreía y la saludó. luego se quedó a la espera de que ella dijera algo. algo como “qué alegría” o “adelante”, pero ella se había quedado en blanco y lo único que se le ocurrió fue apartarse de la puerta unos pasos para que él tuviera espacio para pasar. él entró a paso lento, titubeante, como si no reconociera el piso y esa fuera su primera visita. ella lo seguía detrás, fijándose en los mismos objetos: el cactus muerto, la silla coja, la televisión estropeada.
le invitó a sentarse y él obedeció, con la espalda erguida, las piernas juntas y los brazos pegados a las costillas. no atinaba a comprender cómo se le había ocurrido semejante idea, presentarse así, como si nada. le preguntó si le apetecía tomar algo y él pidió un vaso de agua. ella apresuró el paso hacia la cocina, aliviada de poder alejarse de él, ni que fuera momentáneamente, unos pocos metros. allí intentó poner en práctica las respiraciones que le habían enseñado en ese curso de yoga cuando notaba que el aire no entraba en sus pulmones, pero esta vez la teoría no funcionó y se puso aún más nerviosa. desenroscó el tapón de la botella de agua mineral, pero inmediatamente cambió de idea: él no merecía tanto. llenó el vaso de agua del grifo y regresó al salón evitando mirarlo. él bebió todo el líquido de un solo sorbo, con ese particular ruidito al tragar que todavía recordaba perfectamente. sus manos sudaban y sentía ganas de vomitar, pero lo último que deseaba era que él notara su inquietud. decidió no encender ese cigarrillo que el cuerpo le estaba pidiendo y que hubiera delatado su turbación. permanecieron en silencio un rato. el vecino de arriba le gritaba de nuevo a su hijo adolescente porque no traía a casa las notas que se esperaban de él. los gritos contiguos les evitaron tener que hablar unos segundos hasta que finalmente él preguntó:
-bueno, ¿y qué tal te van las cosas?
ella lo miró por primera vez a los ojos, directamente, sin pestañear. hubiera preferido seguir escuchando los berridos del vecino antes que su estúpida pregunta, pero recordó que ella, ni probablemente nadie, le había contado nada de lo que había ocurrido después de su marcha.  



pensó que sería más fácil no avisar, aunque sabía que eso suponía que quizá no estaría en casa o, peor aún, no abriría la puerta. pero prefirió arriesgarse, no darle tiempo para pensar, para decir que no. no reconoció al portero cuando entró y, una vez en el rellano, dudó en llamar al timbre o con los nudillos, como había hecho siempre cuando olvidaba o perdía las llaves. decidió hacerlo con con los nudillos, suavemente, para no alarmarla. mientras esperaba inhaló aire un par de veces y lo expulsó tan lentamente como pudo. había pasado un año, pero ahí plantado, delante de la puerta, le dio la impresión que hacía mucho más tiempo. ella no tardó en abrir. le pareció que tenía el pelo más largo, ojeras y estaba pálida. pensó que tal vez se había acabado de despertar, a pesar de ser más de las doce del mediodía. tragó saliva y sonrió, esperando que ella hiciera lo mismo, aunque no fue así. ella retrocedió unos pasos y él quiso interpretar el gesto como una señal para que pasara. avanzó con paso inseguro, sin saber todavía qué iba a suceder. se sentó en una punta del sofá y pidió un vaso de agua cuando ella le preguntó, aunque hubiera deseado algo más fuerte para quitarse los nervios de encima. mientras esperaba a que ella regresara de la cocina tuvo la impresión de que el salón era más grande. contó menos muebles de los que había antes ni tampoco vio la fotografía de  ellos dos en esa playa de grecia, aunque la marca alargada y amarillenta del celo seguía allí, ensuciando la pared desnuda, como único recordatorio de un pasado común, lejano y torcido. pudo observar sus manos temblorosas cuando ella le dio el vaso de agua. la invitó a un cigarrillo, pensando que tal vez esto podría tranquilizarla, pero ella contestó que ya no fumaba, que lo había dejado hacía mucho tiempo. él la felicitó por el logro y dijo que en su caso aún no había sido capaz. luego guardó el paquete en el bolsillo de la chaqueta. las voces de un vecino enfadado traspasaban las paredes y llegaban a ese salón silencioso y vacío. bebió un trago largo y se aclaró la voz antes de preguntar cómo iba todo. sintió los ojos de ella mirándolo por primera vez desde que había entrado. él espero unos segundos, con una mueca que pretendía ser una sonrisa que no llegó a ser. se fijó de nuevo en sus manos huesudas y agrietadas y un poco más arriba, a la altura de sus finas muñecas, vio las marcas rojizas, cicatrizándose. incapaz de mostrar ningún disimulo contó uno, dos, tres largos y finos cortes.