30 enero 2011

relato breve sobre un insólito ser humano con foto en blanco y negro y final obvio

había una vez un insólito ser humano a quien le fascinaban las habitaciones vacías porque podía llenarlas de nada y el polvo nunca se acumulaba.



fin

24 enero 2011

inquilinos

diría que la última familia lo habitó unos seis meses. desde que yo vivo justo en frente, habrán pasado unos tres o cuatro inquilinos y sólo en un par de años. ahora el piso está vacío de nuevo. lo sé porqué nunca hay luz en la ventana del comedor y porqué las plantas del balcón que dejaron los últimos, están secas o muertas.

el chico de la agencia ha vuelto a enseñarlo esta mañana. eran una pareja joven, sin hijos, ella muy rubia y él muy bien trajeado. han estado un buen rato en el balcón, hablando de las posibilidades que tiene el piso, de las reformas que se deberían hacer en la cocina y el baño, mirando las vistas y luego se han fijado en mi, sentada en mi mecedora y sonriendo tímidamente. cuando han entrado, el chico de la agencia me ha saludado con un leve movimiento de cabeza y a continuación ha cerrado la puerta, asegurándose de que no entrara el frío por las ranuras de debajo. menuda tontería. si esta noche la abrirán de nuevo. ¡a ellos les gusta el fresco! como a mí.

en el resto de la jornada no los he visto. tampoco me ha extrañado mucho: a veces se pasan el día correteando y jugando y en cambio, otras veces desaparecen durante días. pero por la noche, como era previsible, han abierto la puerta del comedor y han estado un rato dando portazos y tirando cosas al suelo. pensaba que los vecinos se quejarían y acabarían llamando a la policía porqué estaban montando un estruendo monumental, pero nadie ha dicho nada y ellos han continuado con lo suyo. asomada desde mi ventana, veía las sombras de uno y de otro y aunque me cueste distingirlos, porque tengo ochenta y nueve años y cataratas en el ojo izquierdo, creo que hoy ella llevaba ese jersey que le hizo su madre antes del accidente. al cabo de una hora se han tranquilizado y yo he aprovechado para tomarme mis pastillas e irme a dormir.

al día siguiente, temprano, ha vuelto el chico de la agencia. calculo que tendrá unos treinta y pocos años y estoy segura que no le gusta su trabajo. su cara de hastío cuando debe enseñar el piso, no deja lugar a dudas. ha salido al balcón y ha encendido un cigarro, que ha fumado con tranquilidad. cuando lo ha terminado, se ha acercado a la puerta y ha estado revisándola. no entiende porqué no cierra bien ni porqué siempre la encuentra abierta. en cualquier caso, no parece muy preocupado por el tema ya que ha optado por dejarla tal cual está. con cuidado ha quitado el cartel de “se alquila” y lo ha llevado hasta el interior de la casa. ha salido de nuevo, me ha saludado como siempre y ha gritado: “la semana que viene va a tener vecinos nuevos”.

yo le he sonreído para no parecer descortés. se deben pensar que como soy vieja no me entero de nada. si quisiera podría denunciarles, pero a mi edad no me convienen más preocupaciones de las justas y necesarias. “lo que hacen ustedes es totalmente ilegal.” pienso “¿desde cuando se puede alquilar un piso que ya está ocupado?”

20 enero 2011

advertida quedas, nena

la avisé una vez y otra: "no te cuelgues de mí por que lo pasarás mal". pero sira no me hizo caso, no. ella a lo suyo: a llamarme una vez y otra, a mariposear a mi alrededor, a organizar encuentros casuales y claro, al final me vi en la obligación de hacerle un favor. después vinieron unos cuantos más porque la chica era mona y se abría bien de piernas.
la cuestión es que había pasado ya un año y a pesar de seguir viéndonos con cierta regularidad y hablar casi a diario, yo tenía mis otras historias. ella lo sabía y si le importaba o no, ya no es asunto mío. las cosas eran así y nunca pregunté, ni le pedí permiso para hacer o deshacer a mi gusto. de vez en cuando notaba que estaba como apagada, triste y me miraba de forma un tanto ausente. solía coincidir para cuando le contaba mis líos con las demás, pero a mí, sus estados de ánimo me daban bastante igual siempre y cuando continuara abriéndose de piernas.


un día, estando en la playa, en pleno mes de agosto, dijo que no podía verme más. contesté que de acuerdo y fui a darme un baño. estaba sudando como un cerdo y me vino bien remojarme. desde la boya, a pocos metros de la orilla, vi a un par de rubias que jugaban a las palas. me llamó la atención una de ellas, especialmente: rondando los veinte, delgada, con una perfecta delantera al descubierto y un culo sin rastro de celulitis. al volver y pasar por su lado nos miramos y me sonrió. me puse cachondo.
sira seguía sentada en la toalla, fumando un cigarrillo detrás de otro. le dije que nos íbamos y que se viniera un rato a mi casa, a modo despedida. era lo mínimo que podía hacer por ella. accedió. me pareció ver que una lágrima asomaba por el marco de sus gafas de sol, pero también hubiera podido ser algo de sudor. creo que ese día estábamos a treinta y tres grados y si no fuera porque me apetecía follar, era un día ideal para pasarlo en el agua, viendo a rubias de pechos perfectos jugando a las palas.

nos subimos a su coche y condujo en silencio hasta mi piso. me gusta esta ciudad en agosto por que queda vacía; todo el mundo se larga a otro lugar igual de sofocante y además sobre masificado.
hay gente para todo.
al llegar a casa, abrí una cerveza que me bebí en menos de dos minutos y ella fue a ducharse. no soporto ni las migas, ni la arena en las sábanas de la cama. después me duché yo y se me puso dura pensando en la rubia de la playa.

sira esperaba desnuda, tumbada en la cama. observé su cuerpo, todavía húmedo y un poco rojo por el sol, para no tener que ver su compungida mirada. me salté los preliminares y se la metí sin demasiados miramientos, pero ver sus ojos, abiertos de par en par, contemplando como giraba el ventilador del techo, me desconcentraban así que le di la vuelta, la puse a cuatro patas y se la volví a meter, esta vez, más cómodo.
me corrí rápido y volví a ducharme.

-en fin – dije cuando salí del baño y la vi vestida, a punto para marcharse

-te da exactamente igual, ¿no?

-nena, no empecemos.
-claro. no empecemos.


cuando me quedé solo abrí la segunda cerveza. de nuevo estaba sudando como un cerdo.


11 enero 2011

eran las cuatro de la mañana y por fin estaba llegando al hotel. en los tres últimos días había dormido un total de seis horas y a pesar de intentar ser amable con el taxista, saciando su repentina curiosidad, notaba como cada vez le costaba más mantenerse despierta y mucho más mantener una conversación. ningún avión había salido a su hora, había tenido que esperar, hacer colas y al final perder el vuelo interno. cuando llegó al aeropuerto de lucknow eran las dos de la noche y todavía le faltaban dos horas en coche hasta kanpur: en la india, cuando las cosas salían mal, salían realmente mal y sólo se podía tomar una única postura válida: resignación y té con limón en vaso de plástico de una máquina expendedora.
-¿así que está de vacaciones? – preguntó por enésima vez el taxista.
diana respaldó su cabeza en la ventanilla y resopló.
-no, estoy aquí por trabajo.
-¡ah! ¡trabajo!
hubo un silencio que ella agradeció pero que duró demasiado poco.
-mi hija se casa este año. debe tener su misma edad. ¿usted está casada? ¿tiene hijos? ¿le gusta la india?

the landmark hotel era el único edificio que sobresalía del resto de edificaciones en kanpur. tenía diez plantas, dos restaurantes, una tienda de souvenirs y una piscina exterior. la decoración del hotel combinaba moqueta granate a juego con el tapizado de los sillones, pinturas de monos desafiantes con lanzas puntiagudas y retratos de hombres con bigotes negros y túnicas doradas, columnas jónicas de mármol blanco y polvorientas lámparas de cristal con la mitad de las bombillas fundidas. cada vez que diana entraba al hotel se sentía extrañamente abrumada con semejante visión. por suerte, o desgracia, las habitaciones eran un poco más simples, aunque se mantenían los colores granates y dorados con alguna estampación floral poco discreta en las cortinas.
en recepción, y después de pagar el taxi y prometerle al taxista llamarle para la vuelta al aeropuerto, cuatrocientas rupias eran cuatrocientas rupias, rellenó el papeleo de rigor y se quedaron con su pasaporte y sus maletas. subió al sexto piso y, arrastrando los pies, entró en la habitación. una ráfaga de aire helado artificial le dio la bienvenida. se sentó en una de las dos camas individuales y deseó estar en cualquier otro sito, lejos de allí. tenía hambre, sueño, agotamiento, migraña y cuatro horas para la reunión del día siguiente.
llamaron a la puerta. el chico que le traía las maletas parecía más cansado que ella y sin embargo, sonreía. mientras diana rebuscaba unas monedas de propina, él repasó la habitación con rapidez: era más grande que toda su casa donde vivían ocho personas.

cuando se metió en la cama eran casi las cinco de la mañana. primero se giró hacia la derecha, después hacia la izquierda, más tarde boca arriba y finalmente boca abajo. en ninguna posición conseguía estar cómoda. el colchón era duro como una piedra, la cama pequeña y la manta demasiado delgada. llamó a recepción.
-¿hola? – contestó una voz masculina después de cuatro minutos dejando sonar el timbre.
-hola, ¿alguien podría subirme una aspirina?
-¿una aspirina ha dicho, madame? – repitió, sorprendido por la petición.
-sí.
-¿tiene dolor de cabeza?

diana se quedó callada un instante. “no, no tengo dolor de cabeza. tengo una migraña terrible por no haber dormido en dos días, estoy hasta los ovarios de ir de aquí para allá, de la comida picante, del olor a curry, de esperar, de cargar con las maletas, de que me pregunten si es mi primera vez en este pais, de que las producciones no estén bien, de que las visitas a las fábricas se alarguen hasta horas interminables, de que me observen a todas horas, de comidas de negocios para quedar bien, del calor abrasador en la calle, de pueblos perdidos en medio de la nada y de que me llamen madame. así que por favor, subanme una jodida aspirina y déjese de preguntas, que son las cinco y quiero dormir!”.

-sí, tengo dolor de cabeza - respondió.
-vaya, veremos lo que podemos hacer, madame.

sabía que esa noche tampoco iba a dormir ya. se levantó de la cama, corrió un poco las cortinas floreadas y vio la familiar vista de kanpur a sus pies. empezaba a clarear y a lo lejos sonaban los primeros cantos llamando a la oración. en los techos-terraza de algunas casas dormían familias enteras. las calles sin asfaltar que en unas pocas horas estarían sobrecargadas de motos, bicicletas, coches y rickshaws, estaban ahora vacías y silenciosas. sólo los perros, los cerdos y alguna vaca husmeaban los restos de comida esparcidos por el suelo. hizo memoria: ese año había estado unas diez veces en kanpur. el pasado unas veinte. sólo conocía el trayecto del hotel a la fábrica, y la mayoría de ocasiones lo pasaba durmiendo. llamó de nuevo a recepción.
-¿hola? – respondió la misma voz que antes, con el mismo rato de espera.
-hola. soy yo de nuevo, la de la aspirina.
-ah sí, madame. estamos intentando conseguir un par.
habían pasado treinta minutos desde la primera llamada.
-no se preocupe. ya no las necesito.
-¿ya se encuentra mejor?
-sí, mucho mejor. muchas gracias.
-me alegro, madame. de nada, madame.

continuó mirando por la ventana todos los detalles que nunca antes había observado hasta que se hizo de día y la ciudad recuperó su bullicio y caos habitual.
cuando salió al exterior se había olvidado del sueño, del hambre, de su cabeza y de su reunión. eran las nueve de la mañana, el termómetro marcaba casi treinta grados y estaba en kanpur, india.

04 enero 2011

Entonces dice el Duque: "Pero ¿Lara no va por ahí con la hija de Tam Cahill?"
"Así es, cabrón", le suelto, "la pequeña Jenni."

"No te la habrás tirado, pero desde luego has andado olisqueando alrededor de sobra", dice Neebour. "¿Ya te has hecho las cuarenta pajas de rigor con ellas, Jase?"

"Más de cuarenta, cagüenlaputa, ya estoy en cinco cifras. Le he sacado más placer a esas chicas que ese mentiroso cabrón de Monty", suelto mientras apuro mi pinta.

Eso lleva a Neebour a especular un poco. Se quita las gafas y se las limpia, frotándolas por la parte donde se le estaban marcando en las aletas de la nariz. "Y yo me pregunto: ¿qué pensarían las chavalas si supieran que pasamos tanto tiempo pajeándonos con ellas? Tanto esfuerzo de pensamiento y de voluntad invertido en imaginar escenas tan elaboradas... Todos esos putos superventas porno hollywoodienses proyectados en nuestras cabezas una noche sí y otra también, !y protagonizados por alguna putilla modorra que trabaja en Greg's!"
Mientras termino mi pinta le miro: "!Contado así, seguro que se sentían halagadas, cabrón! !Hostia puta, yo lo estaría si me enterara de que alguien que apenas sabe que existo invirtiese tanto tiempo y esfuerzo en mí! !Acabaría follando con ellos por compasión!" Neebour sacude la cabeza y vuelve a ponerse las gafas. "Pero así no es como funciona la cosa. Lo que pensarían es que eres un asqueroso pervertido de mierda que lleva una vida de lo más triste. La sexualidad femenina, tío: otro mundo. Sus putas pajas tienen que ver con fuerzas etéreas y tal. Caballos y caballeros y toda esa mierda. Por eso a las pijas les van los caballos", suelta, animándose y entrando en materia.

Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo - I. Welsh

** fuerzas etéreas, caballos y caballeros... exacto...

01 enero 2011

1

en días como este, a fred le gustaba leer el periódico:
“en el primer semestre del año, aparecerán oportunidades para un inmejorable progreso laboral. esté atento a las señales. a partir de mayo comienza un año muy favorable al amor. puede encontrar una persona muy importante, quizás en un viaje. asimismo, empieza entonces un periodo en que disfrutará de gran fecundidad, propicia a concebir o tener un hijo. esta fecundidad se reflejará también en su capacidad creativa. si se dedica al arte, gozará de gran inspiración y de facilidades para la expansión de su obra. por otra parte, en otoño comienzan unos meses excelentes para nuevas y fructíferas inversiones económicas.”

sentado en el bar de debajo de su piso compartido, se tomaba un café y releía el texto que auguraba un magnífico año. en cada nueva frase, su vida iba dando un inesperado y ansiado giro hasta que, acabado de leer, fred ya no era fred, sino otra persona totalmente distinta, rebosante de posibilidades.
pensó en su mujer y sus tres hijos, al otro lado del atlántico, todavía durmiendo a esas tempranas horas, en que nunca había destacado en ninguna actividad artística y en que a partir de hoy, la factura de la luz subía un 9,8%. y este año no había mundial.