27 mayo 2011

de por qué los vestuarios femeninos deberían ser declarados patrimonio nacional de la humanidad

** aviso para todos aquellos/as que alguna vez fantasearon con estos espacios y muchas suecas ligeras de ropa, esto no va por ahí.

a mi no me gusta ir al gimnasio. gracias a dios (o a alá, que también es grande y misericordioso) mi culo tiene unas dimensiones aceptables y, de momento, no me veo en la necesidad de modificarlo. aun así acudo al gimnasio semanalmente. más que por las máquinas, las pesas y la cinta deslizante, es por la sauna, el yacuzzi y los chicos con abdominales. y por el vestuario femenino; en ninguna otra parte he aprendido tanto del sentido de la vida, de cómo preparar una buena paella con un presupuesto de cinco euros y de cómo ponerse un tampax sin tener que abrirse de piernas.
después de muchas horas de estudio y muchas notas visuales y auditivas, ahí va un listado de su fauna y flora:

1 - las abuelas. esas señoras que rebosan sabiduría y mala leche si no sigues las instrucciones establecidas con precisión alemana. esas señoras que tampoco ven con buenos ojos los tatuajes, la falta de peso, las nueras en general o los pubis totalmente rasurados. dichas señoras tampoco reprimirán las ganas de informar al resto del vestuario sobre sus opiniones personales: “mira a ésta como va vestida”, “el reuma me está matando” o “mi marido es un estorbo, a ver si se muere de una vez”. ellas saben de todo y entienden de todo. contestar a cualquier de estas u otras observaciones desemboca irremediablemente a una conversación en la cual sólo opinará ella. con decir sí o no de vez en cuando, en función de su opinión, se quedará como una “chica la mar de agradable, oye”. las abuelas no tienen ningún reparo en exponer su vida al público de la misma forma que no sienten ningún pudor para exponer su cuerpo a la vista de todas. sus pliegues colgantes o su rubensiana obesidad pueden impactar al principio, pero ei, todos acabaremos así algún día, así que menos manías y más dosis de realidad pura y dura. por suerte, la próxima vez que te vea y debido a su avanzado estado de pérdida de memoria, no recordará tu cara, pero por si acaso siempre se pueden coger los bártulos y trasladarse a otra taquilla. cruel.

2 – las buenorras. !ah! no hay nada como una tía buena pavoneándose por los vestuarios para mascar la tensión en el ambiente: miradas de reojo, codazos disimulados, indignación, recelo y envidia, mucha envidia. las tías buenas han nacido para despertar en el resto estos sanos sentimientos y ellas no pueden remediarlo. al fin y al cabo, si tus pechos llegan al suelo o tu rubio oxigenado no está a la altura de sus mechas naturales, no es su problema. las tias buenas, al igual que las abuelas, se dejan ver y realizan todos sus movimientos a cámara lenta con la diferencia que ellas lo hacen para que el público no se pierda detalle de su perfección. alguna incluso, estoy segura, estaría dispuesta a firmar autografos o a regalar su tanga (usado o no) a la valiente que se lo pidiera. es una lástima que luego, después de cuarenta minutos de exhibición gratuita empiecen a vestirse por los calcetines blancos del carrefour y pierdan todo el sex-appeal. mal; nunca se empieza por los calcetines, chicas.

3 – las pre adolescentes. son fácilmente reconocibles. suelen ir tapadas con tres o cuatro toallas y hacen malabarismos para que sus partes íntimas queden resguardadas de la vista. se ruborizan al ver a una tía buena desnuda, a una abuela desnuda o a la mismísima pantera rosa desnuda. (por cierto, qué grande es la pantera rosa! en versión bollería industrial, también). el momento ducha es realmente traumático para las pre adolescentes, por no mencionar la acción de enjabonarse. ¿tocarse delante del resto? !oh, mon dieu!. si las duchas tienen pocas mamparas, lo cual es algo habitual en los deportivos de cuota mensual baja, las pre adolescentes pueden esperar horas, repito, horas, para que el vestuario se vacíe y luego ducharse batiendo sus propios récords y salir con el pelo a medio aclarar. no importa, cumplieron su cometido. pre adolescentes del mundo: !relax, crecer y desarrollarse es bueno! (hasta que las ovulaciones, los partos y la menopausia os demuestren lo contrario).

4 – las pijas. sus cremas hidratantes cuestan más que el salario anual de cualquier currante medio, sus uñas de porcelana están más cuidadas que su propio hijo y ese conjunto de ropa interior que llevan, sí, ese, está sacado del catálogo de victoria secrets, edición deluxe. y sí, acertaste de nuevo, lo usan para sudar en la cinta del gimnasio. este especímen no suele frecuentar vestuarios barriobajeros para evitar de esta forma enfermedades contagiosas como los hongos, el sida o la vulgaridad. tampoco hablan mucho si no es para informar de la marca que llevan puesta o explicar con detalle donde estuvieron de vacaciones la semana pasada. el típico “oh, te veo muy bien” cuando se sale de la ducha, en realidad significa “¿otra liposucción, maldita foca celulítica?” y nunca, bajo ningún concepto, empiezan por los calcetines. el orden correcto es: braguitas o, en caso de buen culo, tanga, seguido de sujetador con relleno y tacones. así, sí.

5 – las madres. esa mujer con las canas a medio teñir, la pierna derecha depilada, con ojeras y tres churumbeles correteando entre las taquillas, totalmente descontrolados e ignorando los avisos de su progenitora, es una madre. una madre hasta los cojones, basicamente. las madres se apuntaron al gimnasio con la esperanza de tener su minuto de calma, hablar con adultos, y con un poco de suerte, perder peso o enamorar al instructor. pero al final resultó que a su marido se le hincharon las narices de tanto tiempo libre y con un par de comentarios recriminándole sus abandonos vanidosos, consiguió quedarse en casa tranquilo, mirando fútbol o porno, mientras ella cargaba con toda la tribu para hacer deporte. las madres miran a las abuelas, a las tías buenas, a las pre adolescentes, a las pijas, a sus retoños y se preguntan "¿por qué yo?". luego, cuando están a punto de salir a la calle, el más pequeño le recuerda que lleva las gafas de buceo puestas y la madre responde que da igual. el instructor, que salió un momento a fumarse un cigarro y ya de paso evadirse de tantos vapores sudorosos, la mira por primera vez en su vida.

(versión masculina pendiente para cuando me dejen entrar en sus vestuarios con un bloc de notas y una cinta métrica)

20 mayo 2011

yo quería escribir un libro y al final acabé redactando discursos políticos. si estos días se han entretenido en escucharlos, algunas de sus palabras las pensé yo unas semanas antes. es un trabajo como cualquier otro. al prinicipio cuesta, especialmente si no estás de acuerdo con la filosofía del partido, pero más tarde, al ver el cheque, se te pasan las tonterías y sigues escribiendo sobre tijeretazos en la enseñanza y la sanidad, prohibición de matrimonios homosexuales o retrasos en la edad de jubilación. no me considero más vendido que cualquier otro trabajador que, por ejemplo, esté en contra de la esclavitud infantil pero supervise las producciones en fábricas del cuarto mundo con trabajadores semidesnudos que no sobrepasan los trece años.
también hay gente que cuando sale del trabajo tiene facilidad para desconectar; no es mi caso. cuando creo que mis discursos están terminados, los leo y los releo, los corrijo y busco sinónimos para no repetirme. y me rió mucho. también voy a ver cómo los políticos los dramatizan delante de su fiel audiencia. a menudo cambian alguna palabra o hacen pausas donde yo no las había marcado. supongo que es cosa del directo o de la intensidad de las ovaciones y los aplausos. aquí no me meto porque yo sólo invento discursos y que los votantes (y los miembros del partido) los conviertan en credo universal, ya no es asunto mío.

también escribo discursos para bautizos, bodas y funerales. en estos me río menos.

19 mayo 2011

- me aburro.
- ¿qué quieres decir?
- me aburro, ahora, aquí. contigo.
- vaya, yo pensaba que las cosas nos iban bien
.
- y van bien. van demasiado bien y por eso me aburro: apenas discutimos y cuando lo hacemos suele ser por alguna tontería como quién prepara la cena o dónde iremos de vacaciones. nos entendemos tan bien que no hace falta ni hablarnos, ni palabras ni broncas, ni lloros, ni gritos, no hay escenas, ni noches sin dormir, ni portazos, ni silencios tensos y contigo estoy segura, me siento apoyada y siempre estás cuando te necesito y mi vida es estable y predecible y no hay sobresaltos y sé qué me dirás cuando me veas con el vestido nuevo que compré ayer y sé cual es tu color preferido y por qué no te gusta dormir con la ventana abierta en verano y… ya sé todo de ti y tú sabes todo de mí y no hay sorpresas y… me aburro.

- no sé qué decir. yo creía que estábamos bien.

- quiero que me dejes.

- ¿cómo?

- sí, quiero que me dejes y que me digas que has conocido a otra y que te vas con ella.

- pero yo no puedo hacer esto.
- por favor. debes intentarlo.

dos días después el chico había preparado un discurso ficticio sobre por qué no deseaba verla nunca más. había incluído algún insulto que después, avergonzado, había tachado. al llegar ella del trabajo, le pidió que se sentara y sin beso de bienvenida, comenzó a listar los defectos que le sacaban de quicio, las manías que no soportaba, la convivencia imposible y las diferencias insalvables. al principio sus palabras sonaban poco convincentes, pero poco a poco observó que no era necesario echar mano de las notas que había escrito. todo salía con fluidez e incluso lo que decía tenía sentido. la chica había dejado de sonreír y notó las primeras lágrimas humedeciendo sus mejillas. durante los siguientes minutos, cada palabra de él se convirtió en un fino arañazo sangrante de lenta cicatrización. cuando terminó, ella se levantó y lo abrazó. temblaba y sus piernas flaqueaban. él mantuvo sus brazos pegados al cuerpo y notó que algo se había roto, aunque no hubiera podido precisar qué era; un jarrón tal vez, o cualquier otra cosa ya menos importante.

17 mayo 2011

Todos estaban vestidos de mujer, menos yo y un corpulento hombre de mediana edad, que llevaba un jersey terrible y hablaba animadamente con dos chicas de lo más exóticas. El jersey era naranja, con un gato rojo de dibujo animado que sonreía con todos sus dientes en la pechera. Parecía de diseño, y probablemente había costado más que mi traje. Confía en mí, decía el jersey, estoy hecho de lana. Mira, tengo sentido del humor, y no temo burlarme de mí mismo. La persona que me lleve no puede ser peligrosa.
A mi lado se sentó una chica corpulenta, con un vestido de terciopelo rojo, que posiblemente trabajaba durante el día de albañil. Su peluca era un casco de rizos castaños.

- ¿Es la primera vez que vienes?

Respondí que sí.

- Me acuerdo muy bien de mi primera noche.

Abrió el bolso y sacó un pequeño tubo. Desenroscó la tapa, extrajo un tampón húmedo y empezó a pasárselo sobre las uñas. El esmalte rosado comenzó a borrarse.

- Estaba aterrorizada. Pero había venido vestida de chica. - Levantó los ojos de su tarea y me dio una palmadita amistosa en la rodilla -. Cuando sientes que estás preparada, tienes que lanzarte. Ya sabes cómo es esto, las cosas nunca son tan terribles como una había pensado.
Le dije que sí, que yo también me había dado cuenta de eso.

- Pues ya lo ves. -Sonrió con dulzura-. Y espero que no te moleste que te lo diga, pero estarías mucho más guapa con un poco de maquillaje.

Le dije que me lo pensaría, y le pregunté por qué se quitaba el esmalte de las uñas.
- Mi mujer lo odia -respondió con un suspiro-. Dice que en una época tenía miedo de que me fuera con otra mujer, pero que jamás se le ocurrió que la otra mujer sería yo.


El cuarto oscuro, L. Welsh

14 mayo 2011

p de padre

se dice que el sr. p es un buen padre y un buen marido. él también lo cree. cada mañana se levanta el primero y prepara el desayuno para su esposa y para miguel, su hijo de cinco años. cuando está todo a punto, las tostadas crujientes y el zumo recién exprimido, sube a las habitaciones, les despierta con suavidad y vuelve a la cocina donde les espera leyendo el periódico. se despide de su mujer con un beso en la mejilla y acompaña a miguel al colegio. cogidos de la mano y en silencio o parloteando, según el humor del pequeño, bajan las escalera del metro y se meten en el tercer vagón, justo el que para más cerca de la salida de la escuela del chico. a esas horas el metro suele ir lleno de caras soñolientas. miguel cabe en cualquier rincón y se distrae con cualquier cosa. el otro día, por ejemplo, estuvo descifrando el significado de los nombres de las paradas. el sr. p, accidentalmente, puede que roce alguna chica que esté a su lado. las prefiere rubias, con poco pecho y sobretodo, jóvenes. siempre es accidentalmente y si alguna vez ella se molesta, el sr. p se aparta con disimulo y busca a su hijo con la mirada. es un niño precioso. luego, el viaje prosigue sin más incidentes y durante el resto del día el sr. p se dedica a su trabajo con una entrega más que satisfactoria.
a la hora de comer el sr. p suele quedarse en la oficina y adelantar trabajo. cuando se queda solo, también aprovecha para leer la prensa digital, mirar vuelos baratos a lugares exóticos y visitar algunas otras páginas que prefiere no mirar en casa. cuando vuelven sus compañeros, a primera hora de la tarde y antes de que aparezca el jefe del departamento, hablan de futbol y de mujeres. al sr. p no le entusiasma el futbol y, a diferencia de otros, no suele alardear cuando repasan sus conquistas en la oficina, aunque podría, si quisiera. ¿o es que las chicas que roza, accidentalmente, no cuentan?

miguel termina la escuela a las cinco y el sr. p le espera cada día. los martes y los jueves le acompaña a clases de piano. al chaval se le da bien y el sr. p le ha prometido un piano para su cumpleaños. a miguel le gustaría más una play, pero aprendió a no quejarse hace tiempo. su padre dice que los chicos mayores no deben quejarse y él, a sus cinco años, ya es un chico mayor. los lunes y los miércoles, que es cuando su mujer llega más tarde del trabajo, el sr. p prepara la cena, le baña y le acompaña a la habitación. a veces también le roza, accidentalmente, pero el pequeño miguel no se queja. ya es un chico mayor.

05 mayo 2011

pro(fe)sionalidad

- es usted bueno en esto.
- para nada señora, sólo cumplo con mi trabajo.
- en ese caso, realiza usted su trabajo excepcionalmente bien. – zanjó la mujer.
después apagó el cigarrillo en el pesado cenicero de cristal, se vistió sin ponerse la ropa interior, pagó y condujo hacia su casa, con su marido, que carecía por completo de semejante sentido de la profesionalidad.

01 mayo 2011

mi psicólogo dice que (ll)

al final cambié de psicólogo. 
al final cambié de psicólogo. para evitar posibles enamoramientos (véase http://hiliaescribe.blogspot.com/2010/09/mi-psicologo-dice-que.html en caso de duda), esta vez escogí a una mujer: la dra. pascual prieto. desconozco su nombre de pila. le pega patricia, petra o purificación, para no romper con la cacofonía de su nombre. es mona, pero no, no, !no me he enamorado de ella!

 tiene que ser realmente buena en su trabajo porque después de la segunda sesión identificó mi problema sin dilación: pienso demasiado, asegura. uno podría pensar que esto es algo bueno, sin embargo, según ella, no lo es en absoluto. pensar puede llevarte a la desdicha infinita, al psicólogo y a derrochar sesenta euros por sesión. teniendo en cuenta que raramente el problema queda solucionado con una sesión o dos o tres, los números hablan por sí solos. pensar demasiado sale terriblemente caro. pero esto tampoco debo pensarlo. 
cuando la dra. pascual prieto me conoció me tranquilizó enseguida y me aseguró que no era la única con semejante problema y que afortunadamente, tenía cura. de hecho, ella dice que todo tiene solución, menos la muerte. es una mujer práctica y lista y luce una bisutería preciosa, así con mucho brillo y mucho oro falso que tintinea cada vez que mueve un músculo de su cuerpo. para que deje de darle vueltas a la cabeza me pone deberes entre sesión y sesión. en primer lugar me ha prohibido seguir escribiendo. dice que a no ser que escriba tonterías, lo mejor es dedicar este tiempo a mirar la televisión. no vale con cualquier cosa. con el trastorno que padezco, sería capaz de mirar algo que no me conviene, así que me ha facilitado una lista con una serie de programas y cadenas ideales para no pensar. la sigo a rajatabla. a veces noto que incluso mirando ciertos programas empiezo a pensar y me pongo bastante nerviosa. afortunadamente cambio de canal (siempre y cuando esté en la lista, claro) y encuentro alguna cosa que hace que pare de cavilar. es una suerte que no me tenga que preocupar por esto. a veces pienso (aunque no debería) si los señores que hacen televisión, en realidad no hacen televisión sino terapia para los enfermos que tenemos prohibido pensar. si así fuera, !qué gran trabajo realizan también esos profesionales! a menudo, después de tantas horas viendo la tele, me duele la cabeza. la doctora pascual prieto afirma que esto es buena señal, porque quiere decir que me estoy sanando pero que si el dolor es insoportable, puedo cambiar de actividad y leer, por ejemplo. al igual que en el caso de la tele, la doctora pascual prieto ha detallado lo que puedo y lo que no puedo leer. tengo prohibido entrar en bibliotecas o en librerías, pero en cambio hay muchas revistas de papel brillante y a todo color que sí puedo leer. es curioso que los personajes que salen en los programas que puedo ver, también salgan en las revistas que puedo leer. alguna vez también he soñado con ellos y cuando se lo comenté a la doctora en la última sesión, un poco asustada, aseguró que estaba haciendo grandes avances y que estaba orgullosa de mi progreso. 
también puedo leer libros de cocina siempre y cuando las recetas no sean complicadas o bien manuales de instrucción para montar muebles. como siempre he sido una alumna aplicada, me he convertido en una gran cocinera y en una experta montadora de muebles. incluso sé cómo funciona un taladro, cosa que antes ignoraba por completo y además ya me conocen todos los amables dependientes del ikea, que es donde suelo pasar las tardes de sábado. es allí donde compro el material para pasar el resto de semana y evitar los pensamientos. 
también puedo tomar drogas y emborracharme. en realidad, según la doctora, este es el estado ideal para no pensar, pero entiende que existen riesgos y efectos colaterales que no son convenientes a largo plazo. dice que si lo hago entre dos y tres veces al mes, estoy en la media y que mi vida no corre ningún peligro. yo, que siempre estuve a favor de una vida sana, de beber dos litros de agua y practicar deporte, ahora me veo trapicheando, yendo de afters y volviendo a casa en un estado deplorable y patético. 

la cuestión es que después de un par de meses siguiendo sus instrucciones, hoy he despertado sin ganas de leer, ni mirar la tele, ni montar muebles, ni cocinar, ni fumar heroína. tenía, sin embargo, unas terribles ganas de pensar. de hecho, me apetecía quedarme en la cama y pensar todo el día. sobredosis de pensamientos. supongo que es una adicción como cualquier otra: nunca acabar de morir y tienes que luchar contra ella constantemente. ¿y pensar en qué? preguntaran los que no padecen esta perturbación. tampoco hay tanto para pensar… pues a eso voy. yo solía tener temas para dar y tomar, solía desvariar con cualquier cosa, por nimia que fuera, pero esta mañana no se me ocurría nada con qué empezar. he notado cómo se me aceleraba el pulso y el corazón bombeaba furiosamente. justo como cuando me sube el mdma en medio de la pista de baile, sólo que esta vez no había música de fondo. he empezado a tener temblores y a sudar. !yo era buena en esto! ¡solía salirme sólo, sin pretenderlo!. pero nada, esta vez, no había forma. 
me he levantado y sin tan siquiera lavarme la cara, he llamado a la doctora pascual prieto, que muy amablemente ha estado tranquilizándome y aconsejándome qué hacer, hasta que, cuarenta minutos más tarde, he perdido el control y le he chillado: 
-!es que así, sin pensar, no soy yo! 
ella, sorprendida y muy relajadamente, ha respondido: 
-¿y? 
he colgado y he pensado. sí. he estado pensado largo y tendido después de colgar el teléfono de malas maneras y sin ni tan siquiera despedirme de ella. después he abierto el libro por la página setenta y siete: 

calabacines rellenos con salsa de queso. 
modo de preparación: pele los calabacines y póngalos a hervir con un poco de sal.