26 junio 2012

qué pocas páginas ocupan algunas historias, qué pocos segundos algunas expectativas.

fotos de yulia novikova

17 junio 2012

dime algo

conocí a lucien en una fiesta que organizó un compañero de clase de francés. por aquel entonces yo tenía dieciocho años y hacía apenas dos semanas que vivía en parís, con mi tía y su gato. mis padres dedujeron que un verano fuera de casa me vendría bien y ya de paso aprendería francés, algo que yo creía totalmente innecesario. en las dos semanas que llevaba en la ciudad había aprendido cuatro palabras mal pronunciadas y había conseguido hacer creer a mi tía que adoraba parís cuando en realidad pasaba los días contando las horas que me faltaban para volver a casa y me vencía la nostalgia cuando hablaba con mis padres y me contaban lo que habían cenado. 
el día de la fiesta estaba nerviosa y me sudaban las manos, no tanto por tener que socializar con gente que no conocía, sino por mi maldito nivel de francés que no había progresado en lo más mínimo. fue max, mi compañero de clase, quien abrió la puerta del piso. se alegró al verme, dijo que estaba muy guapa, me dio un abrazo y me llevó hasta el salón donde me presentó a todos los que ya habían llegado. 
- y éste con pintas de acabarse de levantar es lucien, mi compañero de piso. 
- hola lucien, encantada. – dije ofreciéndole mi mejilla derecha y topándome con su nariz puntiaguda y fina. 
- tú tampoco eres de aquí, ¿no? 
- ¿tanto se me nota? 
pasamos prácticamente toda la noche hablando, o más bien haciendo el intento de entendernos a base de palabras, gestos y dibujos en un bloc que lucien fue a buscar a su habitación. creo que no tardé más de una hora en enamorarme de él, aunque supuse que el sentimiento no podía ser mutuo. él era nueve años mayor que yo e imaginé, por lo que había contado y lo que había entendido, que tendría a centenares de hermosas y delicadas francesas revoloteando a su alrededor. aún así, cuando al final de la velada sugirió volver a vernos, sospeché que tal vez había alguna posibilidad. intercambiamos los teléfonos y prometió que me llamaría.
pasé los siguientes cinco días pendiente del teléfono y estudiando con más ahínco que nunca con la esperanza de que mi nivel de francés mejorara antes de volver a verle. cuando llamó al sexto día, tuvo que ser mi tía quien al final se pusiera al teléfono y terminara ultimando los detalles de nuestra cita para la semana siguiente.
acabamos saliendo de forma oficial. yo seguía sorprendida. no podía comprender qué veía en mí, pudiendo tener a otras mucho más guapas y sobretodo más comunicativas. mi enamoramiento, sin embargo, iba en aumento y cada vez que nos veíamos, durante un instante, me temblaban las piernas y notaba un cosquilleo ahí abajo. lucien era atento, educado, inteligente, divertido y tremendamente atractivo. tenía los ojos oscuros y el pelo claro, las manos grandes y los dedos finos, las piernas fuertes, el estómago plano, los labios gruesos y la piel morena. verle desnudo compensaba todas las horas de estudio que había impartido durante el día. por cómo se movía y hacía moverme deduje que tenía larga experiencia y aunque no quise preguntar, reafirmé mi teoría de que antes que yo había habido muchas otras, algo que me molestaba y me fascinaba a partes iguales.
una noche, al salir de ver una película del cine en la que yo había entendido un tercio de los diálogos, nos pilló la lluvia. la gente corría en busca de taxis o la parada de metro más cercana, pero él y yo continuamos andando ajenos al agua, cogidos de la mano y parloteando como si nada. al pasar por un portal, me estiró del brazo y me condujo escaleras arriba. no entendía nada, hasta que se detuvo entre el segundo y el tercero piso, se giró, me besó y deslizó su mano dentro de mis bragas. pensé que sería divertido y busqué la cremallera de sus pantalones, pero antes de poder continuar me apartó la mano, me miró muy serio y dijo: 
- dime algo.
no entendí lo que quería decir. había comprendido sus palabras, pero no su significado. 
- pardon? – respondí, deseando haber usado la forma correcta. él, con el mismo tono y la misma mirada intensa, repitió:
- dime algo. 
y luego, como si se hubiera dado cuenta de mi ignorancia, añadió:
- ya sabes, algo… 
inmediatamente pasaron por delante de mis ojos las miles de chicas que habían conocido a lucien antes que yo, susurrándole al oído con un francés perfecto y un acento impecable, haciéndole llegar al clímax con una sintaxis coherente y una riqueza de vocabulario digna de balzac. me sentí acorralada. ya no se trataba de ser imaginativa, cosa que tampoco era, sino de hacerme entender, de crear tensión, de, al fin y al cabo, hacerle eyacular con unos medios de los que carecía por completo. no era capaz y noté que empequeñecía todavía más a su lado. me salvó el ascensor. escuchamos risas y pasos de algún vecino que llegaba a esas horas y respiré tranquila. lucien se apartó, me ordenó el pelo, soltó una carcajada y corrimos hacia la calle, donde la lluvia caía con más fuerza que antes. esa noche, mientras lucien dormía abrazado a mí, noté un peso cargante. no era su brazo encima de mi pecho, ni su pierna encima de las mías. era otra cosa menos palpable, menos precisa, pero más molesta. 
a la mañana siguiente lucien me despertó con su lengua deslizándose por entre mis muslos. hacía calor y las ventanas estaban abiertas de par en par. olía a café y a domingo de no salir de la cama. separé un poco más la piernas y él continuó tanteando, sumergiendo y rozando hasta que, minutos después, notó mi ligero temblor. 
- buenos días – dijo cuando descansó su cabeza en la almohada. 
- buenos días - contesté yo todavía con los ojos cerrados. 
hubo unos minutos de silencio. 
- al final ayer no me contaste nada. 
y cogió mi mano y la colocó encima de su erección. abrí los ojos y de nuevo visualicé a otras miles de mujeres, en esa misma cama, riéndose, coqueteando y musitando palabras fuera de mi alcance. esta vez supe que no me salvaría ningún ascensor, ni ningún vecino trasnochador y quise decirle a lucien que abandonaba, que él merecía algo mejor, alguien que pudiera usar las preposiciones acertadamente. pero él seguía esperando y su erección también y con todo el valor que pude juntar esa bonita mañana de domingo, abrí la boca para balbucear mis primeros vocablos, débiles, tímidos y descorazonadores. poco a poco, aunque mi mano acariciaba con la esperanza de compensar lo que mi boca pronunciaba, noté que se impacientaba y su miembro se encogía. no iba a salir bien y los dos lo sabíamos. empecé de nuevo, pero me equivoqué con el tiempo verbal y al querer rectificar advertí que ya no quedaba nada de esa erección mañanera. lucien tosió y yo aparté mi mano. me quedé mirando el techo de su habitación, en silencio, incómoda y deseando no haber entrado en su estúpido juego. 
- dímelo en tu idioma. – quiso arreglarlo él. 
- pero no vas a entenderme. – protesté yo. 
- da igual, pruébalo. 
lejos de animarme, ese gesto me bloqueó todavía más. era como un premio de consolación; la niña pequeña que queda última en una carrera de sacos y a la que sin embargo le regalan una piruleta, de sabor más amargo que dulce. lo estaba haciendo tan mal que lucien prefería no entenderme.
- ¿no quieres hacerlo? – preguntó. 
sentía el dedo apuntándome, el foco justo encima de mí, sus ojos escudriñando un atisbo de inseguridad, miedo e inexperiencia, todo lo que yo deseaba ahuyentar. de nuevo en mi mente aparecieron todas esas mujeres, desinhibidas, libertinas y alegres, sin problemas para hacer algo tan básico como era hablar. 
- cierra los ojos – le ordené intentando transmitir algo de seguridad en mí misma. 
él los cerró y sonrió. tragué saliva, recordé a mi abuela y le di las gracias.
- para preparar una buena tortilla de patatas – dije en mi lengua materna - es necesario, ante todo, una buena sartén. 
lucien se corrió cuando después de terminar con la tortilla había comenzado con los ingredientes para un bacalao a la vizcaína. otro plato que mi abuela me había repetido hasta la saciedad. se le notaba feliz y relajado y sólo cuando despabiló, se interesó por mi historia. 
- qué más da. – dije intranquila – lo importante es que te haya gustado.
- cuéntame más.
las cosas cambiaron. a menudo lucien me pedía que le susurrara en mi idioma y yo lo hacía maquinalmente. sentía que, de otra forma menos convencional, le estaba engañando. eran unos cuernos idiomáticos, pero unos cuernos al fin y al cabo. dejé de estudiar francés. seguía yendo a clases, más que nada para que mi tía no alertara a mis padres, pero ya no me interesaba aprender, ni conocer nuevas palabras, ni poner atención en la pronunciación. ahora dedicaba mi tiempo a memorizar parrafadas para que lucien no me pillara desprevenida. le hablé de la normativa del manual de conducción, de las instrucciones para programar los canales de la televisión, de los hábitos de reproducción sexual del rinoceronte blanco y una vez, incluso de cuando mi padre me dio con su zapatilla por haber robado en una tienda de chucherías. cada vez que terminaba, él me sonreía, se acurrucaba a mi lado y yo me sentía un fraude de persona. 
no hizo falta que me dejara. yo seguía enamorada de él, más que al principio, si es que esto era posible, pero sabía que una vez volviera a mi casa, al final del verano, no volveríamos a vernos. él había agotado los recursos conmigo y yo sabía que había otras esperando su turno, con nuevas historias que contar, en su idioma o en otro, ahora ya daba igual. en los últimos días tampoco me pidió que le hablara y pensé que tal vez se había dado cuenta de mi engaño, pero no me atreví a preguntar. la humillación hubiera sido demasiado difícil de soportar y creí que era mejor no saber. 
el día de mi regreso a casa me acompañó al aeropuerto. convencí a mi tía para que no viniera ella también y así poder estar solos en los últimos minutos. lucien estaba animado y tranquilo. me contó los planes que tenía para el día mientras yo aguantaba como podía las ganas de llorar, abrazarle y suplicarle que no se olvidara de mí. prometimos que nos escribiríamos y que nos veríamos pronto, durante algún puente o en las próximas vacaciones, pero yo dudaba de que eso fuera cierto. cuando después de media hora de retraso anunciaron mi vuelo en el panel digital, sujetó mi cabeza con sus dos manos, me dio un beso en los labios y otro en la frente y desapareció entre la marea de turistas que iban y venían.
me senté al lado de la ventanilla para no perderme detalle del despegue y poder ver la ciudad desde el cielo y recordar los lugares dónde habíamos estado y, en definitiva, hacer mi despedida más agónica y desmesurada. la azafata nos informó de que el vuelo duraría dos horas y treinta minutos y de que el tiempo en el lugar de destino era soleado con una temperatura de veintinueve grados. los viajeros, la mayoría franceses, resignados a un verano corto y fresco, loaron el parte meteorológico, ansiosos por aprovechar los últimos días de sol y playa. a mi lado, una chica de mi misma edad sacó de su mochila unos auriculares y un libro. era un manual de conducción, pequeño y desgastado. fue entonces cuando no pude evitar sonreír unos segundos y luego rompí a llorar.

13 junio 2012

Esta noche ha habido baile. El comedor estaba decorado con banderolas de colores vivos. Una gran mesa adornada con flores reunía a los enfermos agrupados lo mejor posible en parejas, según las afinidades exteriores. Hemos bailado hasta las tantas de la noche. Me he divertido. He tenido la sensación de que recordaba una pizca de mi locura, mi fantasía, de otro tiempo. Me he contemplado actuar; preveía las consecuencias posibles de esa vida normal... pero jugaba. !Quién sabe! !Tal vez hubiera una tregua con la enfermedad! De vez en cuando debe de descansar, seguro, tener domingos y días de fiesta... Esos días, ha de ser posible vivir como en otro tiempo. Mañana reanudaremos la vida severa del enfermo: habrá que luchar. Pero esta noche está bien reír con ganas, mientras se esfuma con asombro el miedo a sentir estallar el pulmón; está bien beber un champán que inflama las mejillas; hay un poco de congestión, pero no pensemos en ello: esta noche no puede haber hemoptisis. !Y qué bien sienta bailar! Podemos permanecer de pie, levantarnos, sentarnos con vivacidad. El cuerpo recupera, con un gozo casi religioso, la curvatura ágil para apoyarse en su pareja, el abandono inteligente que abraza los movimientos del otro cuerpo y los sigue, fiel como una sombra y tan ligero como ella. Cuando el cuerpo se mueve con un ritmo, otra vida se eleva; el mundo se transforma para tomar como centro ese punto preciso, en el medio del pecho, en el que parecen converger los ritmos sonoros de los instrumentos y las oscilaciones ágiles de los tobillos.
Bailar es el ritmo de la vida más afortunado; bailar, cuando creíamos no poder hacerlo más, una victoria lograda.
Ligeramente embriagada por ese ritmo, junto a mi pareja de una noche, que mañana habrá olvidado esta velada, he subido despacio hasta mi puerta y nos hemos separado con un beso y sin decirnos nada.

Déjame, M. Sauvageot

09 junio 2012

si kerouac levantara la cabeza

al señor villasuso le gusta conducir. siente una tranquilidad difícil de describir cuando se pone al volante y deja la mente en blanco, sólo atento a la carretera. le gustan especialmente los viajes largos en los que -¿es que no vas a frenar? ¿quieres que nos matemos? 

reconoce que tal vez ahora, a sus sesenta y tres años, se cansa más rápido y que a veces se despista en trayectos que ha hecho miles de veces, pero aún así esa sensación de libertad y 
-por el amor de dios, ¡en qué estás pensando! ¿es que no ves que hay un stop? 

el señor villasuso se asusta, pisa el freno de golpe y al comprobar que no hay peligro inminente, se tranquiliza y continua a menos velocidad. 
-¿y ahora qué te pasa? a ese ritmo no llegamos ni mañana. 
acelera de nuevo y respira hondo. su mujer, al lado, atenta y en tensión, pone los ojos en blanco y suspira. en realidad no tienen ninguna prisa. nadie les espera en su segunda residencia, un pequeño apartamento en la costa que compraron a muy buen precio hace ya años y que les sirve para desconectar los fines de semana. quizá el sábado por la noche salgan al cine. hay una película que estrenaron la semana pasada, con ese actor tan famoso, cómo se llama, intenta recordar él, aunque también podrían invitar a los vecinos del sexto que hace tiempo que no ven y 

-¿esa curva la vas a hacer en cuarta? el señor villasuso disminuye a tercera. pone el aire acondicionado. empieza a hacer calor y el hombre del tiempo ha pronosticado un fin de semana soleado y temperaturas casi de verano. estaría bien, piensa, tomar el primer baño de la temporada, ahora que todavía no hay mucha gente en la playa y el agua está limpia. aunque por otro lado, 
-¿ahora tienes calor? no ves que pillarás un resfriado. 

el señor y la señora villasuso se casaron hace casi cuarenta años. se conocieron en la panadería donde él trabajaba y donde ella iba a comprar el desayuno de sus hermanos los domingos por la mañana. comenzaron a salir a los pocos días de conocerse y celebraron su boda un año más tarde. tuvieron dos hijos que nunca dieron muchos problemas y que ya les han hecho abuelos y, a su particular manera, todavía se quieren. hoy sin embargo parece que 

-¿ahora no me hablas? ¿se puede saber qué te pasa? ¿por qué no me cuentas nada? ¿te encuentras bien? ahí hay un ceda al paso. 

el señor villasuso conduce unos metros más, callado, poniendo mucha atención a la vía. al ver una zona para estacionar, al lado de la carretera, aminora la marcha y detiene el coche. 
-¿qué haces ahora? ¿por qué has parado? ¿qué sucede? 
el señor villasuso abre su puerta, baja del coche y a paso lento se dirige hacia la puerta de su mujer. la abre y amablemente informa: 
-cariño, prefiero que conduzcas tú. 
-¿yo? ¡qué mosca te ha picado ahora!
-es mejor que conduzcas tú. – repite con la misma amabilidad. 
-es por lo que te he dicho, ¿verdad? no se te puede decir nada, cada día estás más raro. 
sin embargo al ver que él se mantiene en sus trece, la señora villasuso se traslada al asiento del conductor y cierra la puerta con una intensidad proporcional a su enfado. farfulla algo en voz baja y espera a que el señor villasuso entre en el coche para continuar el viaje. 
arranca deprisa y se incorpora a la carretera sin apenas mirar. conduce rápido, pero el señor villasuso se cuida mucho de hacer cualquier observación. de sobra sabe que no es el momento y que, así, en silencio, se está mucho mejor. algunas veces también olvida señalizar con el intermitente y al acercarse a la rotonda, el señor villasuso espera que su mujer se haya dado cuenta del coche que, un poco despistado, está dando la vuelta por segunda vez. ella, pero, no se da cuenta. de hecho la señora villasuso confiaba con que el coche de delante seguiría la marcha, pero contra todo pronóstico, se ha parado de repente y, sin tiempo de frenar ni escuchar la voz de su marido pronunciando su nombre en alto, le golpean por detrás. aunque ha sido un choque de poca importancia, la señora villasuso empalidece y mira a su marido en busca de ayuda. él se cerciona de que ninguno de los dos se ha hecho daño y a continuación sale del coche. examina la parte delantera y pasa la mano por encima de la carrocería abultada. después examina la del otro vehículo, un modelo viejo, destartalado y abollado en otras zonas, del que también sale el conductor. 
-lo siento mucho. ha sido culpa nuestra, ¿se encuentra usted bien? – pregunta el señor villasuso. 
el otro conductor, un chico joven, despeinado, con la camisa sudada y con cara de estar agotado, le asegura que todos están bien. el señor villasuso mira dentro del coche accidentado y ve a una chica todavía más joven y a dos pequeños lloriqueando en el asiento de detrás. el chico parece nervioso, con prisas para marcharse y no deja de mirar a su alrededor. 
-¿está seguro? – insiste él. 
-sí, sí. no estaba atento. - balbucea el chico. 
quisiera preguntar si tiene los papeles para hacer el parte, pero de repente teme que la inquietud del hombre se deba precisamente a que dichos papeles no existen. espera unos segundos, deseando que sea el otro quien pregunte, pero el otro permanece en silencio, mirando intermitentemente al suelo y a su coche y al suelo otra vez. 
-bueno… yo sólo tengo un rasguño de nada – afirma finalmente, esperando que sepa aprovechar la vía de escape que le ofrece. 

al regresar a su coche el señor villasuso ve que su esposa ha vuelto al asiento del copiloto. en silencio se ajusta el cinturón de seguridad, gira la llave, revisa por el retrovisor y arranca. 
el sol está poniéndose y el cielo ofrece un bonito espectáculo de tonalidades amarillentas, violáceas, rojizas y anaranjadas. 
a señora villasuso observa por el rabillo del ojo a su marido y después de dudar unos instantes, con voz suave, pregunta si se nota mucho el golpe en el coche. él responde que no y avanzan unos metros más. falta poco para llegar a casa. 
el señor villasuso intenta recordar. diría que la semana pasada dejó un par de cervezas en la nevera. espera que así sea porque le apetece tomarse una en cuanto llegue, tranquilo, en su terraza, regando las plantas y 
-no irás a adelantar a ese camión, ¿no? – inquiere ella en su tono de voz habitual. 

03 junio 2012

de: para:

de: t.koshagov@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: ei 
¿has llegado tarde hoy? no te he visto en la entrada. 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: t.koshagov@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re:ei 
sí, he llegado media hora tarde. había un tráfico terrible. un camión ha volcado y hemos estado más de veinte minutos parados, pero bueno, ya estoy aquí, por fin. ¿no funciona el aire acondicionado hoy? !hace un calor aquí arriba que es imposible trabajar! 
y tú, qué ¿cómo estás? ¿mucho trabajo? 

de: t.koshagov@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: ei 
se ha estropeado. me lo ha dicho la recepcionista nada más entrar, pero creo que ya han llamado para que vengan a arreglarlo. 
mucho trabajo pero creo que podré escaparme un rato. tengo ganas de verte y repetir lo de ayer. ¿qué me dices? 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: t.koshagov@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: ei 
jajaja, tom, cómo eres. ¿así que te gustó? 
mi jefe está hoy de viaje y estoy esperando que me envíe unos presupuestos que liquidó ayer. tocapelotas como él solo. es que no puede dejarme tranquila ni un solo día. en cuanto termine, bajo. 

de: t.koshagov@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: ei
claro que me gustó. ¿a ti no? todavía tengo tus bragas en el cajón. 
aquí arriba el mío ha venido ya cruzado. no habrá follado hoy. avísame cuando estés libre, ¿ok? 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: t.koshagov@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: ei 
ok, te aviso. 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: s.sholckom@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: adivinanza 
buenos días nena, adivina qué. 

de: s.sholckom@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
¿tom te ha llamado? 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: s.sholckom@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
mejor aún. quiere quedar. ¡otra vez! le gustó lo de ayer. ja. 

de: s.sholckom@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
¡oh! ¿cuándo? 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: s.sholckom@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
dentro de un rato. estoy esperando que mi jefe me envíe un par de cosas y luego ya soy libre durante el resto del día. 

de: s.sholckom@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
qué suerte tienes. pues parece que se está colgando, ¿no? 
sabes el traje que me compré para la boda de mi hermana, ayer me lo probé y resulta que ahora me va pequeño. hoy empiezo régimen. 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: s.sholckom@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
¿tú crees? bueno, ya son cuatro días seguidos, sin contar los millones de emails de estos últimos meses. algo le gustaré, ¿no? 
qué faena con lo del traje, cariño. ¿cuándo se casa? si quieres te paso una dieta que hice el verano pasado. no pasé nada de hambre y perdí casi seis kilos, pero luego con el estrés del trabajo los gané. debería empezar de nuevo. 

de: s.sholckom@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
!pero si tú estás estupenda! pásamela, a ver si me funciona a mí. 
y sí, no lo dudes, le gustas. ¿te has fijado en cómo ha venido hoy? 

de: m.barrimore@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd 
naomi, 
adjunto documentos con los presupuestos de la reunión de ayer con los de rgo company. haga un resumen y páselos a vicepresidencia esta mañana sin falta. llegaré a la oficina a las cuatro. coordine una reunión con ventas a las cuatro y media. dígale a rose o’brian de comunicación que también venga. 
necesito un regalo de cumpleaños para mi hijo, el pequeño, y reserve mesa en el mexicano para esta noche, para cuatro. 
avíseme cuando esté todo ok. 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: m.barrimore@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd 
señor barrimore, 
acabo de llamar a rose y me dicen que está de baja. en su lugar vendrá pat reyes, aunque llegará un poco más tarde porque está de visita con unos clientes. 
para su hijo he pensado unas entradas para ver a los knicks, quedan unas pocas disponibles todavía. 
que tenga un buen vuelo. 

de: m.barrimore@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd 
naomi, 
¿pat reyes? ¿quién es pat reyes? ¿tampoco está josh? 
ok a las entradas de los knicks. asegúrese de que los asientos están cerca de la pista y compre cuatro. 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: m.barrimore@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd 
señor barrimore, 
pat reyes es la ayudante de rose, hace dos años que trabaja en la compañía. josh confirma que vendrá él mismo. 

de: t.koshagov@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: ei 
oye, ¿cómo lo tienes para bajar ahora? entro en una reunión en veinte minutos y no sé a qué hora nos dejarán ir. 

de: n.thorpe@jptinternational.com 
para: t.koshagov@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: ei 
se me está complicando la mañana. ¿ahora? pero rápido, ¿de acuerdo? ¿en los baños de la menos uno? 

de: t.koshagov@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: ei 
en cinco minutos estoy allí. 

de: n.thorne@jptinternational.com 
para: s.sholckom@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
nena, voy a bajar ahora. luego te cuento y te paso lo de la dieta. 

de: s.sholckom@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
pásalo bien y tened cuidado. ¡y quiero detalles! 

de: m.barrimore@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd 
naomi, acaban de retrasar mi vuelo. cancele la reunión y pospóngala para mañana a las nueve de la mañana. cancele también el restaurante mexicano y avíse a mi mujer del retraso. llego a las diez, que no pase a recogerme. envíe al chófer de la empresa. confirme entradas compradas. he hablado con vicepresidencia. no han recibido los presupuestos todavía. envíelos ya. es urgente. 

de: s.sholckom@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
¿dónde estás? menuda sesión, ¿no? 

de: s.sholckom@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: adivinanza 
¿hola? tu jefe ha estado llamando… 

de: m.barrimore@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd 
naomi, llevo quince minutos llamándola. llámeme, es urgente. 

de: t.koshagov@jptinternational.com 
para: n.thorne@jptinternational.com 
cc: 
coo: 
asunto: ei 
he llegado a la mesa todo sudado, ha sido fantástico. ¿te ha gustado a ti?

de: n.thorne@jptinternational.com
para: m.barrimore@jptinternational.com
cc: 
coo:
asunto: re: cotizaciones y presupuestos – reunión rgocomany.ltd 
¿ha llamado barrimore? pero qué pesado es ese tío, que se espabile un rato, por favor, !que ya no puede una ni levantar el culo de la silla ni un solo momento! sabes qué me ha dicho tom… que le gustaría probar en el sofá de barrimore. jaja. mañana nos quedamos hasta tarde y lo estrenamos. que se joda. y bueno, si te cuento lo que me ha hecho en los baños, te mueres. ¡ese hombre es increíble! 

de: n.thorne@jptinternational.com
para: s.sholckom@jptinternational.com
cc:
coo:
asunto: adivinanza 
¿qué si me ha gustado? ¿a ti qué te parece? creo que nos han escuchado hasta los de la quinta planta. hoy necesito que me devuelvas las bragas. 

-hola naomi, soy jane, la recepcionista.
-hola jane, dime.
-tengo al señor barrimore al teléfono. pregunta por ti.
-oh, pásalo, claro.

-¿naomi?
-señor barrimore, disculpe, hemos tenido un fallo en la red y…
-ya, sí… verá, acabo de recibir un email suyo un tanto extraño que necesito que me explique, si puede ser.

de: s.sholckom@jptinternational.com
para: n.thorne@jptinternational.com
cc: 
coo: 
asunto: adivinanza 
tranquila, que no os hemos oído. ¿vas sin bragas? oh, vaya. creo que se te están cruzando los emails, cielo… ¿has hablado ya con tu jefe? nena, estaba nervioso.