28 agosto 2012

- La verdad es que me gustaba mucho Andy. Era un loco; no un loco de verdad, como vocea por ahí todo el mundo, sino, bueno, ya sabe..., un chiflado. Siempre estaba hablando de escaparse de aquí y dedicarse a asesino de sueldo. Le gustaba imaginarse deambulando por Chicago y Los Ángeles con una metralleta dentro de un estuche de violín. Liquidando a tipos. Decía que cobraría mil pavos por fiambre.
Hickock se echó a reír, probablemente por lo absurdo de las ambiciones de su amigo; luego suspiró, y sacudió la cabeza.
- Pero para la edad que tenía era la persona más inteligente que he conocido en mi vida. Una biblioteca humana. Cuando ese chico leía un libro, lo había leído de verdad. Por supuesto, no sabía una maldita palabra de la vida. Yo soy un auténtico analfabeto en todo menos en lo que tiene que ver con la vida. Me he pateado muchas malas calles. He visto cómo azotaban a un blanco. He visto nacer bebés. He visto cómo una chica que no tendría más de catorce años se metía en la cama con tres tipos, y a los tres les daba exactamente lo que querían a cambio de su dinero. Una vez me caí de un barco a cinco millas de la costa. Nadé esas cinco millas y la vida me pasaba por delante de los ojos a cada brazada. Otra vez le estreché la mano al presidente Truman en el vestíbulo del Hotel Muehlebach. A Harry S. Truman. Cuando trabajé en el hospital conduciendo ambulancias, vi todo lo que se puede ver en la vida..., cosas que harían vomitar a un perro. Pero Andy... Andy no sabía una mierda de nada; sólo lo que leía en los libros.
"Era tan inocente como un niño pequeño. Como un chiquillo con un paquete de Cracker Jack. Jamás había estado con una mujer. Ni con un hombre ni con una mula. Lo decía él mismo. Puede que fuera eso lo que más me gustaba de él. Lo incapaz que era de decir mentiras. Los demás del Corredor éramos un hatajo de embusteros. Y yo, uno de los peores. Joder, tienes que hablar de algo. Fanfarronear de algo. Si no no eres nadie, nada, una patata vegetando en este cuchitril de tres por dos. Pero Andy nunca participaba en nuestras bravuconadas. Decía que de qué servía contar un montón de cosas que no han sucedido nunca.

A sangre fría, T. Capote

19 agosto 2012

¿vemos una peli?

ayer fui al cine a ver una película romanticona. no soy muy de películas romanticonas, así en general, porque me crean falsas expectativas y luego, de camino a casa, sola y decaída, espero que un caballero alto, rubio, inteligente, cariñoso, fiel, trabajador, atento, divertido pero serio, seductor pero no pendón, culto sin pasarse de pedante, me rescate de mi terrible desamparo, me monte en su caballo (va hombre, tómense esto en serio, que siempre están ustedes igual) y me susurre al oído con voz aterciopelada y segura, que a partir de ahora, cogida de su mano, todo irá bien.
en mi siempre bienintencionado afán de ayudar a las almas más cándidas (si es que todavía queda alguna), hoy me dispongo a diseccionar y re interpretar los tópicos de estas películas que engrandecen y edulcoran el ya-de-por-sí fascinante mundo de las relaciones entre hombre-mujer / hombre-hombre / mujer-mujer. de zoofilia no sé mucho. nada, no sé nada, lo juro. 

- la tía es tonta/el tío es malote: y no hay mucho más que decir. ella parece que no haya salido de su habitación en los últimos veinte años de vida y él en cambio nació aprendido. de todo, nena, de to-do. 

- la tía es tonta/el tío es corto: ella sigue encerrada en su habitación, y él salió un par de veces a la calle, para que no se diga que no conoce mundo. luego volvió al hogar familiar y se alistó al ejército para salvar a su patria de los enemigos de algún país subdesarrollado sin ninguna estructura militar. 

- el encuentro: los encuentros entre los protagonistas son siempre casuales. de esta forma, el espectador puede llegar a pensar que algo similar le podría ocurrir a él/ella en el momento más inesperado. todas hemos conocido a nuestro príncipe azul en la lavandería pública del barrio, un domingo por la tarde de finales de verano, recitando a baudelaire, ¿no? ¿y a quién no le han pedido el teléfono en la sección de congelados del supermercado de la esquina? si nunca les ha ocurrido, quizá es que deberían pasar más horas en el supermercado. es sólo una sugerencia.
los escenarios que más se repiten para un encuentro exitoso suelen ser: una fiesta trendsetter en el ático de un amigo en común, un pasillo de instituto entre clase y partido de rugby o una calle concurrida donde a alguno de los dos se le cae la cartera y ambos se agachan al mismo tiempo para recogerla. jamás, repito, jamás, una relación puede funcionar si se conocen en un after y van puestos de m hasta las cejas o bien a través de internet y ella se hace llamar paco y la tiene muy grande y él, giselle y es una niña mala. muy mala. 

- el fontanero (y quien dice fontanero, dice sexo): las escenas de sexo en este tipo de películas son escasas y poco explícitas, porque de lo contario, ya existe el porno y aquí hemos venido a hablar de amor. romance y amor. así que cuando aparece en escena un fontanero, no se me hagan ilusiones. los fontaneros en este género se ciñen bien a su papel y no esperen ni que esté tremendo ni que se quite el mono de trabajo. por ese motivo no abundan los papeles de fontaneros en estas cintas y si alguien tiene que arreglar una tubería suele hacerlo el protagonista principal, que aparte de ser rubio y listo, es manitas. pero volvamos al sexo. 
una vez los caracteres principales se han conocido y llevan ya unas semanas tonteando (impensable liarse en una primera cita, que quede claro) acaban haciendo el amor (que no follando). suelen hacerlo después de una cena romántica en casa de él para que así quede patente que además de rubio, listo y manitas sabe cocinar y por lo tanto es un hombre moderno acostumbrado a las tareas domésticas. la escena se inicia con un beso de él a ella (porque la iniciativa suele llevarla él, no vaya a ser que tanta transgresión dé ideas equivocadas de lo que ella no es) y al que la chica responde pasionalmente, quitándole la camisa, blanca, siempre blanca y muy bien planchada. y eso, queridos, es lo máximo que llegaremos a ver en lo que se refiere a carne humana. como mucho, si es una película arriesgada, puede que aparezca la chica con el sujetador en la cama, porque no hay nada más cómodo ni más normal que dormir con el sujetador puesto.
aunque no lo veamos, el sexo es siempre cojonudo y se corren al mismo tiempo, lo cual fortalece la idea de que sí, efectivamnte, están hechos el uno para el otro. intuimos que todo ha ido bien por la cara de los dos (la típica cara que se nos queda a todos, justo antes del cigarrito, ya saben) y los arrumacos que se propinan entre las sábanas que sólo dejan al descubierto los pies entrelazados de ambos, el torso del él (por supuesto, depilado) y el hombro de ella (con o sin tira de sujetador). es importante que haya muchas carantoñas y muchos mimos y muchos abrazos porque ha de quedar claro que esta relación no se basa en el sexo, sino que hay algo más. algo menos terrenal. algo especial. algo que un simple fontanero, por muy profesional que fuera, no podría arreglar nunca. 

- la cagada que lo complica todo, también llamado nudo: las cosas se tuercen justo después de que hayan follado. perdón, hayan hecho el amor. o la mejor amiga se aprovecha de él un día que fue forzado a emborracharse y perdió el criterio (y por lo tanto casi no cuenta como craso error). o a ella la envían a trabajar al culo del mundo y teme que lo que acaba de empezar y tiene tantas posibilidades, no llegue ni a un segundo polvo. o se queda embarazada y no se atreve a decírselo y él lo descubre por un tercero y maldice el día que la invitó a cenar porque él la quiere, de eso que no nos quepa ninguna duda, pero tampoco hacía falta ir tan rápido (aunque, eh, os habéis dado cuenta de la calidad de mis espermatozoides, ¿eh?, ¿eh?, ¿eh?).
la cuestión es que durante unos minutos eternos nos parece que eso no terminará bien y que ella dirá que sí al puesto de trabajo de mongolia y que él se quedará sin hijo con el que jugar mientras en el horno se dora un asado para toda la familia. es el momento de ir a buscar el helado de chocolate y recordar que eso es una película romántica y que el director no sería tan cabrón como para desvirtuar esta categoría con un final que no fuera feliz. 

- los amigos que no ayudan: ante la crisis por la que está pasando la pareja, y la cantidad de helado engullido, siempre hay un par de amigos (de color/orientales/hispanos/graciosos/obesos o todo a la vez) que complican todavía más la situación. ellos ya veían que él era un egoísta o ella un poco puta, pero no querían decir nada porque estaban tan ilusionado que cualquiera se metía en medio. aprovechando sin embargo la trastada que uno de los dos ha cometido, se hartan de ponerle a parir y una vez ya desquitados aconsejan a la parte afectada salir y conocer a otra gente. vamos, que sea igual de puta y egoísta. el espectador, pero, que conoce las dos versiones de la historia, y a estas alturas debería dejar de comer helado, sabe que no hay que pasar página. hay tener fe, llorar, sufrir un poco más, porque las cosas buenas de la vida cuestan esfuerzo y sólo quien sabe esperar será bienvenido a la casa del señor. y eso no lo digo yo, lo dice la biblia. 

- los amigos que luego sí ayudan: en un previsible e inesperado giro de los acontecimientos, pasados unos días, unos meses, unos años (en función de la duración de la película) la parte “agresora” se da cuenta de su metedura de pata y reacciona. es un momento realmente emotivo porque de nuevo pensamos en nosotros, en nuestra experiencia pasada, en ese ex que nos dejó tirados y que ahora mismo imaginamos que está a punto de llamarnos y decir: “eh, ¿cómo te va la vida? ¿follamos?” y creeremos que es amor y se nos caerán las bragas al suelo antes de que cuelgue. en la ficción sin embargo, la parte “agresora” actúa con algo más de tacto, aunque se muera de ganas de formular la misma pregunta. y aquí los amigos son esenciales porque son los únicos que pueden hacer que las reticencias iniciales de la “víctima” desaparezcan y olvide todo el malentendido. así que ahora, mientras la “víctima” se debate entre volver y sufrir o dejarlo y sufrir, los amigos ya se han dado cuenta del lado bueno del egoísta y la puta y ya han empezado con los preparativos para la despedida de soltero/a donde esperan, como mínimo, liarse con alguna dama de honor. o todas a la vez. 

- la sutil diferencia entre boda y beso: la escena final tiene dos variantes según el presupuesto con el que se cuente para financiar el guión. o bien un beso o bien boda. hay una enorme diferencia entre una cosa y la otra, aunque algunas mentes simples lo asocien a un mismo resultado. y no es así, lo siento. un beso a secas da para sospechar que esos dos sólo querían folleteo y que ninguno está realmente preparado para el compromiso serio. a mí, un final de este tipo me decepciona y me enfada porque no me gusta llorar, ni sufrir, ni perder el tiempo con rolletes insustanciales. una boda, por el contrario indica que los dos protagonistas son lo suficientemente maduros y estables como para cagarla de forma consciente y vivir atados y amargados el resto de sus vidas. y por este motivo sí vale la pena llorar.

las películas románticas suelen y deben terminar con este conmovedor plano de la pareja recién casada, tirando el ramo a la prima feúcha y tontorrona que al final también consigue pareja (feúcho y tontorrón como ella) y subiendo a un coche del que cuelga un just married, que en inglés significa “venga ya, ¿en serio?”. no es necesario dar más pistas al espectador para que reflexione sobre qué sucede después, cuando hayan vuelto de la luna de miel y ella se pregunte qué hubiera pasado si se hubiera largado a mongolia a trabajar y él note que está echando tripa y que su esposa no es tan putilla como antes. para todas esas dudas posteriores, apreciados lectores, tenemos el género dramático o el de terror del que me encantará hablarles algún otro día, con más calma. 

10 agosto 2012

poco

poco se habla
de esa brisilla fresca y repentina
que te despeina y te levanta la falda
cuando dejas pasar
otro tren.

poco se dice
de la suerte de ondear un pañuelo blanco
a tiempo
sin culpa, ni pena, ni memoria
al ritmo de un corazón que traquetea sereno
de una mirada límpida que no se nubla
de un rostro que no consiente muecas tristes.
de encaminar los pasos hacia una casa
aireada y de muros mudos
por caminos serpenteantes
que ya no atemorizan
a nadie.

poco se cuenta
de esos días de sosegada calma,
de horas pausadas,
y agradecidos silencios
de compañías inesperadas y breves
que regalan carícias anónimas
de lecturas que esfuman recuerdos fugaces
de melodías que retan a improvisados bailes
de noches que arrinconan nombres remotos,
olvidados,
pretéritos.

y así,
sin hablar, ni decir, ni contar
ni pretender
se adivinan en otros ojos desconocidos
los tanteos cándidos
el jugueteo tímido
la cautela y las dudas de los principios
y la sabia imprudencia
de otro brote que reverdece
algún tiempo después.